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Hoy en día se suele utilizar, por parte de algunos fundamentalistas, las Sagradas Escrituras como Verdad Absoluta y como “panacea” para resolver toda clase de problemas humanos. Para aquellos que observan desde lejos esta lucha intestina entre hermanos de una misma fe, no deja de ser un verdadero escándalo. Esta no fue la intención primaria de su fundador. La unión y la concordia son fundamentales para que el mundo crea que Dios envió a su Hijo a este mundo por nuestra salvación.

Las Sagradas Escrituras son una colección de libros que tienen más de tres mil años de antigüedad. De allí que su lectura no sea tan fácil de interpretar. Sus autores vivieron en distintas épocas y en distintas circunstancias desconocidas y radicalmente diferentes a las nuestras. De allí la enorme dificultad de interpretar objetivamente su contenido.

La otra dificultad está también en la forma de pensar y sentir de los autores sagrados. Para comprender mejor a los autores del Viejo Testamento, es necesario entrar en la mente semítica de los hebreos de esa época. Solo desde esta perspectiva podremos comprender mejor el mensaje bíblico.

Siendo, pues, la Biblia, un libro tan difícil de interpretar, ¿por qué nos empecinamos tanto en defender posiciones que consideramos las únicas verdaderas? La gran cantidad de sectas que existen actualmente hoy en el mundo es una muestra de lo terriblemente equivocado que estamos. ¡La Biblia no puede ser más ese criterio de verdad absoluta, a como erróneamente se le interpreta!

Todos estamos de acuerdo en que las Sagradas Escrituras son la Palabra de Dios dirigida a todos los seres humanos. Y como Palabra de Dios debe ser interpretada. La interpretación privada, cuando se quiere hacer pública, puede causar un gran desasosiego en los que la escuchan. De allí la enorme necesidad de saberla interpretar correctamente. Pero, ¿a qué árbitro podríamos recurrir si cada persona o secta se cree en posesión de la verdad?

En el documento “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” encontré interesantes aserciones que a continuación las expondré:

Para nosotros, los católicos, nuestra identidad se resume en tres Autoridades fundamentales: la Tradición, el Magisterio de la Iglesia y la Biblia. Nuestra identidad católica descansa en este trípode.

Todos estamos de acuerdo en que el Espíritu Santo guió e inspiró a los autores sagrados de la Biblia. Pero son muy pocos los que se atreven a decir que este mismo espíritu está vivo entre nosotros y que guía especialmente a una institución, aunque esta sea de pecadores y de escasos santos.

En otras palabras, este Espíritu sigue escribiendo en cada una de las almas que lo aceptan para que con ellas cohabite. Es los que los antiguos Santos Padres Orientales conocieron como el proceso de “divinización” del alma.

De allí que los católicos creemos firmemente que el Espíritu Santo asiste a la Iglesia y se manifiesta de una manera preclara e infalible en su Magisterio solemne. En otras palabras, toda interpretación de la Biblia que se aleje de lo que enseña el Magisterio de la Iglesia, es un lamentable error.

Pero esto no quiere decir que no exista una cierta libertad que vaya acorde al Magisterio. Los carismas son muchos, la interpretación “oficial” es una. Los carismas son para enriquecer el Magisterio y la Tradición, no para contrariarlos, a como muchos piensan y actúan. El Magisterio pide obediencia a los dogmas de Fe, los Carismas proclaman la “libertad” del espíritu. Ambos se complementan. ¡San Francisco de Asís es el más espectacular ejemplo!

Este Magisterio no solo está representado en la autoridad papal o en los concilios ecuménicos, sino también en una milenaria Tradición, según lo que proclamó el Concilio de Trento en el s. XVI en contra de la Reforma protestante.

Esta Tradición la representa la autoridad de los Santos Padres y de los Doctores proclamados por la Iglesia. Ella los ha declarado como “Ortodoxos” al Magisterio y como preclaros ejemplos de vida y doctrina.

Por lo tanto, las Sagradas Escrituras son un mensaje que Dios ha mandado al ser humano y de su correcta o errónea interpretación dependerán nuestros destinos ultraterrenos.

* Ph D. Catedrático de Keiser Univesity.