Jorge Eduardo Arellano
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La soledad también da su mal paso y ocurre también en la cultura. Pero la soledad no es culpable de la orfandad de los malos oficios, ni de los ausentes, que no se preocupan, ni salen del estrecho círculo de sus intereses, y se niegan a procurar el beneficio de la cultura para el pueblo sediento de sus derechos ancestrales.

Quién creería que Rubén Darío, el padre del Modernismo, se mantiene mirando al fondo del azul, postrado en un monumento en la Isla de El Cardón, porque está abandonado, y en Corinto, totalmente solo. Como una alerta que nadie atiende.

La obra, de 5.5 metros, se instaló el 20 de marzo del 2008 en ocasión del centenario de “Margarita”; es de la autoría del reconocido artista Arnoldo Guillén, un maestro en estas lides.

Margarita, la niña amada del cuento de ecos universales, escrito por el poeta el 20 de marzo de 1908, por años sufre igual de maltrecha sensibilidad. Y pensar que el Puerto de Corinto tiene antecedentes históricos muy importantes. Solo los pescadores de la zona y algunos curiosos se atreven a acompañar bajo el sol hiriente al hombre genial, el poeta constructor de las letras mayores. El ciudadano que fluyó inconmensurable pese a su dramática vida; y hoy, ese mismo infortunio lo sigue viviendo.

Los poetas que participaron del Segundo Festival Centroamericano de Poesía, desafiando el olvido y las voces calladas de otros, confirmaron la rudeza del menosprecio. En esta “marcha” no hay culpables, solo responsables. Cuando la conciencia flama, urge rectificar. La mejor manera de rectificar es hacer todo lo contrario.

Mi intención no es exagerar. Pero gráficamente (sin querer ofender), ese sitio tan significativo del ámbito cultural y la historia, es casi un potrero. Perdón, por la comparación, pero resulta inevitable el símil.

Están próximos varios eventos en homenaje a Darío. ¿Por qué no voltear la mirada a la Isla de El Cardón de manera conjunta, donde hay mucho por hacer? ¿Cómo encontrarle un punto final a esta situación? Soluciones hay, pero encontrarlas debe ser responsabilidad del esfuerzo integral compartido, con efecto multiplicador inmediato y con respuestas eficaces. La clave es sacudir nuestro amor propio. No permitir más el agresivo ensayo de la apatía. Separar las excusas de los miedos, contradicciones, mea culpas, y otras “enfermedades” advenedizas y similares, que si las dejamos que se enraícen siempre nos harán trizas.

Por fortuna, en la Nicaragua actual, muchos son los que tienen el derecho de palabra: Los alcaldes del Departamento de Chinandega, el Instituto de Turismo, el Instituto Nicaragüense de Cultura, los empresarios pequeños, medianos y grandes de la zona y del resto del país; los altruistas, los apasionados por Darío, los estudiosos de su obra, los aficionados, las universidades, los catedráticos, los poetas, escritores, pensadores, ensayistas, artistas de teatro y la pintura; los jóvenes, las mujeres, los adultos mayores, las editoriales, los medios de comunicación, los periodistas, los que viven de su obra; los darianos.

Y un largo etcétera, donde alcanzan todos.

 

* Poeta y periodista.