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El 8 de diciembre los venezolanos acudirán una vez más a las urnas para elegir autoridades municipales, un ejercicio democrático localista en cualquier país del mundo que no trasciende fronteras; sin embargo, en Venezuela, este hecho no pasará desapercibido internacionalmente, por lo que se juega en esta nación tras el fallecimiento de Hugo Chávez.

El presidente Nicolás Maduro tiene la gran oportunidad de consolidar su liderazgo si logra un triunfo contundente y golpear a sus adversarios que tratan de hacer colapsar al gobierno desde que ganó, en abril pasado. La oposición está sedienta por recuperar el poder. Para ello ha puesto en marcha toda una matriz de desestabilización política e ideológica. Hace siete meses gritó fraude porque consideró que 234 mil votos no le daban legitimidad a Maduro, después corrieron el rumor de un pleito a muerte entre Maduro y el titular de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, por el liderazgo del PSUV y las riendas del país.

Han inventado fisuras a lo interno de las Fuerzas Armadas, división en las filas del chavismo, hasta culminar con la guerra económica, quizá la acción opositora que más ha calado entre la población por el daño que le ocasiona al hacer frente a una escasez ficticia de productos básicos por el acaparamiento criminal. Un periodista se preguntaba: ¿cómo es posible que de la noche a la mañana haya desaparecido de las estanterías de los supermercados hasta el papel higiénico?

Esto fue noticia mundial. La oposición, sus grandes medios de difusión y sus patrocinadores desde el extranjero se frotaban las manos. “¡Ahora sí, Maduro caerá, es cuestión de semanas o días! Al contrario, el presidente dio un giro al poner en marcha una especie de contraofensiva económica para obligar a los comercios a sacar sus productos y ajustar los precios. La medida está acompañada de la Ley habilitante que le da poderes al mandatario para legislar por decreto.

El excandidato a la presidencia Henrique Capriles, desesperado porque ve que se le acaba el tiempo y su oportunidad de alcanzar la primera magistratura por lo fallido de la estrategia opositora, desafió a Maduro ante sus simpatizantes al convocar a una marcha de protesta. Pero, al parecer, ese día los ciudadanos de la oposición se fueron de compras.

Dijo Capriles que el final de la administración de Maduro no admite atajos inconstitucionales y que el 8 de diciembre arrancan con un triunfo en las municipales, y que con la Constitución en la mano van por él para pedir un referéndum revocatorio a mitad de su mandato, o sea, en 2016.

Si la oposición pierde las municipales, como indican casi todas las encuestas, incluso dejarían de gobernar en ciudades importantes como Caracas (Distrito Metropolitano), Baruta (Miranda), Maracaibo y El Hatillo. ¿Qué hará Capriles? ¿Cantará fraude otra vez? ¿Se agotó su liderazgo?

Tiene razón, Venezuela no puede ir por el despeñadero, no caben los atajos inconstitucionales, la oposición tiene el derecho consignado en la carta fundamental de los venezolanos de pedir un revocatorio; pero con una derrota el 8 de diciembre, quién sabe si se atreva.

Unos 19 millones de venezolanos están habilitados para votar ese día para elegir 365 alcaldes y 2,389 concejales. El PSUV gobierna en la actualidad en 265 alcaldías, el 80 por ciento, y su liderazgo se ha trazado como meta incrementar esa cifra el 8 de diciembre.

 

* Periodista.