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La vorágine del “progreso”, querido amigo Bayardo, nos ha empujado a ser testigos de una situación nada nueva en la historia de la humanidad: la lucha del bien contra el mal, de lo ideal contra el totalitarismo material, de lo estético contra lo grotesco, de la razón contra el subterfugio, de la libre verdad contra el dogma.

Dentro de esa eterna dicotomía han existido seres que de una u otra manera han pensado que llegará el día en que los hombres se verán como hermanos, tendrán iguales derechos, deberes y justicia, respetarán siempre al prójimo expresando la verdad que salen de sus labios, seres libres de prejuicios, de la explotación o manipulación del hombre por el hombre.

Las voces de humanistas excelsos como Buda, Aristóteles, Platón, Jesús, Goethe, Erasmo, Kant, Tolstoi, Gandhi, y aquí en nuestro lar de Salomón de la Selva, Azarías Pallais y Mariano Fiallos Gil, clamaron por estos paradigmas, sin embargo la realidad es adversa y la humanidad se hunde cada vez más en la antropofagia, el comerse los unos a los otros, en inventar el método letal que deje sin habitantes a la Tierra.

Se han perdido los valores que daban sentido a la creación del hombre, o más acertado a su evolución, lo material descarnado ha sepultado el claro mensaje de un futuro paraíso de paz, hermandad y fraternidad, y nosotros quedamos, querido hermano Bayardo, como sobrevivientes del reclamo, pensando con fe en un mejor futuro aun en tiempos como el de ahora de máxima confusión materialista. Soñamos con el triunfo de la razón clara y justa sobre las pasiones egoístas y efímeras. Que nuestras ideas no se hagan realidad no quiere decir que estén vencidas o que sean falsas, ellas son el ariete de la lógica contra la ceguera de las pasiones, contra el oscurantismo y ley del más fuerte.

En lo atinente al periodismo te diré que el día que alguien descubrió que la información puede venderse ahí se vino a pique la verdad, la ética y los escrúpulos. Sucumbió la libertad de expresión que ahora es potestad de los amos de medios. Por supuesto, en ese mal llamado periodismo de información no existe lugar para la estética. Se fabrica un periodismo de fachada, de escándalo, de competencia a muerte, de ego trivialidad y vanidad. Los héroes de hoy son los siete pecados capitales que han borrado del mapa a las virtudes teologales.

La información carente de todo buen gusto, de profundidad, significado y estética ahí está. Mercadería que da paso al escarnio de los humildes, a la deformación de nuestro idioma, y más allá, a pasar campantemente sobre los derechos humanos del prójimo. El periodista que entra en este fárrago, se cree un dios siendo un petimetre, se cree un sabio siendo un zafio, se cree un erudito porque tiene llena de aire su cabeza hueca.

Literatura y periodismo, claro que sí. Más allá de otros significados y aplicaciones, la literatura es considerada como el arte de las letras, haciendo referencia al acervo cultural que contiene una obra escrita y a los valores que se plasman en ella, muy en particular los que se refieren a las virtudes de la emoción estética.

La información no es negación de la belleza. La claridad, la lógica, la moral y la ética dan sentido y humanismo a la creación y narración del periodista. Pero esto no se logrará en tanto el novel comunicador siga deshumanizado, mientras no “baje” de la torre de su figureo, de su ego, mientras no entienda la falsedad de su supuesta superioridad. Que entienda, más bien, que con humildad debe “elevarse” al nivel de su pueblo para comprenderlo, para amarlo, para entender más a cabalidad el sentido de patria y nación, para ser solidario, fraterno y mejor ciudadano.

 

* Catedrático de periodismo.