Francisco Javier Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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En Managua actual, comparada con el mismo entorno diez años atrás (2003), desde lo que se observa a simple vista en el ambiente capitalino, comprobamos que hay muchos cambios positivos y algunas cosas pendientes. Son obligaciones compartidas del gobierno nacional y local, de las empresas, las organizaciones, pero también ineludiblemente de nosotros los pobladores. Los cambios realizados y por realizar requieren una actitud responsable y comprometida para lograrlos y/o hacerlos sostenibles. Para generar nuevos comportamientos la base es la educación, la comunicación social, la organización, el control y la gestión institucional y comunitaria.

Una ciudad limpia y ordenada, con lugares agradables para ver y recorrer, con ambientes sanos para vivir, aumenta la autoestima colectiva, da sentido de pertenencia, es síntoma de reducción de la pobreza, proporciona salud social y contribuye al desarrollo humano. Esa es la aspiración que compartimos y sobre la cual afortunadamente se avanza.

Parte de lo bueno:

No hay apagones ni racionamiento energético, lo que provocó –afortunadamente cuestión del pasado- oscuridad, temor, y obstaculizó la actividad económica y cotidiana del país y sus habitantes.

La ciudad ha recuperado la vista al lago Xolotlán; está siendo renovada parte de la identidad capitalina, auténtica necesidad de pertenencia desde el paisaje natural, con el malecón, el puerto Salvador Allende, la Avenida Bolívar, el Parque Central, la Plaza de la Revolución y la Plaza de la Fe.

Numerosos andenes han sido habilitados para que los peatones no caminen por las calles, faltan todavía otros, pero el comienzo es bueno; los constructores deben considerarlos ineludiblemente y las autoridades exigirlos, la ciudad es principalmente de las personas que requieren moverse con comodidad y seguridad.

Calles y casas, soluciones habitacionales, han sido habilitadas, muestran una oportunidad de vivir con dignidad para numerosas familias en barrios y asentamientos urbanos.

Basureros para los desechos, aunque hay mucho por resolver para una nueva cultura y responsabilidad de los habitantes y de las autoridades para preservar limpia la ciudad.

Parques habilitados y ampliados para la recreación y el deporte han sido rescatados del abandono, la destrucción y la oscuridad.

Distracción y promoción de la cultura popular promovida a través de distintos mecanismos institucionales que permiten acceso a numerosos niños, jóvenes y adultos a la distracción sana, incluyendo el apoyo y promoción de diversas tradiciones.

El transporte urbano colectivo, con la flota renovada y un nuevo sistema de pagos que no ha terminado de ser asumido por la costumbre, los errores administrativos, las malas intenciones o la desinformación.

La seguridad ciudadana sigue siendo una ventaja comparativa que permite a las personas movilizarse con bajo nivel de riesgo.

Algo de lo pendiente que nos compromete:

La contaminación visual por las rotulaciones publicitarias, es excesiva, desordenada, obstaculiza el paisaje natural y urbano.

La “antenificación” y “postificación”, es un problema creciente, afecta la salud, afea la ciudad, obstruye el paso en algunos andenes, obstaculiza la vista del paisaje urbano y natural, se requiere ordenarlos y reducirlos.

Falta señalizar las paradas de buses, con frecuencia hay que preguntar dónde están, se requiere habilitar lugares para que los usuarios del transporte colectivo esperen y se protejan de la intemperie.

Regular el transporte selectivo, los taxis –de diversos colores y muchos en mal estado- suben a más de un pasajero en su recorrido; faltan lugares fijos en donde se encuentren en espera ordenada para atender la demanda.

Rotular calles, avenidas y referencias urbanas e históricas, de interés social, para orientarnos, saber dónde estamos y no olvidar.

Tráfico vehicular urbano es creciente, colapsan algunas avenidas y calles durante algunas horas; mal complejo y común en las ciudades contemporáneas que crecen y se desarrollan, requiere soluciones para administrar la expansión demográfica, económica y social que puede generar contaminación, basura, tráfico vehicular, violencia y hacinamiento.

Han sido recuperados algunos espacios públicos, falta todavía despejar otras calles, reordenar los mercados y determinar cuáles son áreas habitacionales y cuáles para negocio, evitar la invasión de andenes y bulevares. La informalidad económica -incrementó afiliación al seguro social en el último quinquenio-, sigue siendo alta y aunque el comercio informal en parte es de subsistencia, por el bienestar público, conviene ordenar estas legítimas iniciativas que a veces alimentan la “cultura de la evasión” y el “desorden”.

En conclusión, a partir de lo que se observa, reconocemos que la ciudad adquiere un nuevo rostro que favorece la vida cotidiana de las personas. Disfrutémosla, cuidémosla.

 

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