Jorge Eduardo Arellano
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Estuve en Venezuela y me encontré con Pompeyo Márquez, un viejo militante de una izquierda turbia, accidentada y nostálgica. Pompeyo era simpático, agudo y enamoradizo. Lo disfrutábamos en reuniones de COPPAL y en otros encuentros políticos de la decencia latinoamericana. Ahora es enemigo visceral del régimen bolivariano y del atleta Hugo Chávez. Su lenguaje, antes agraciado, se volvió agresivo, agrio y de mal aliento.

Estuve en Ecuador y me encontré con algunos exponentes de una supuesta izquierda, adversaria de Rafael Correa, arquetipo de la honestidad, a quien entre ceja y ceja se le ilumina lo más digno del ser humano. La gente lo quiere como si fuera un buen hermano.

Estuve en Bolivia y los mismos “comunistas” que le dieron la espalda al Che Guevara se expresan con odio por Evo Morales. Lo desprecian por el color de su piel y por el color de sus ideas. Evo es uno de los seres humanos más irreprochables en la historia de Bolivia y de América Latina.

En todos los casos estos “izquierdistas” se han sumado, con devoción casi religiosa, a la derecha. Se despojaron de la pulcritud, desconocieron, por completo, el sonrojo, dejaron de soñar. Hasta los más inteligentes se pusieron al servicio de la misma mentira.

¿Qué de extraño tiene que en Nicaragua se repita idéntica deformación? Es como un catarro contagioso. Es la capacidad de defender, con pasión histérica hasta --para algunos-- en lo que no se cree.

El MRS lo funda un intelectual de derecha --en las fronteras de la ultraderecha--, quien dueño de una dialéctica labiosa convence a un puñado de diputados sandinistas a rebelarse contra el FSLN. Al MRS llegan después dos mujeres relevantes, héroes de la lucha armada contra Somoza --yo me resisto a creer que con tanta historia no tengan reserva de estar en el territorio de Reagan, de Bush, de Eduardo Montealegre y Edmundo Jarquín-- y otros elementos que tuvieron protagonismos en el FSLN y en el Ejército.

La diferencia de esta agrupación con el FSLN se profundiza con el ingreso de intelectuales, no de tanto brillo como su fundador, pero especialistas en la marrulla y en una espectacular demagogia, con cierto talento para aprovechar coyunturas y hacerlas explotar en juegos pirotécnicos persistentes, uno tras otro. Hay un juicio de una viuda despojada contra un poeta famoso y con habilidad diabólica involucran a Daniel Ortega como el victimario; otro día una señora destacada, jefa de un organismo de derechos humanos, contrata unos vagos para lanzar pintura sobre su casa e involucran a Daniel Ortega; se les exige ponerse en orden a unas ONG, de conductas cuestionables, e involucran a Daniel Ortega. El etcétera es tan terrible como una intensa náusea. Se refieren, con inaudito sadismo, a Rosario Murillo, trasgrediendo su dignidad y la de sus hijos y después, se arrullan, entre sí, como si nada.

Lo fundamental de todo esto, sin embargo, es que la víctima de esta conspiración no es Daniel sino el FSLN y, peor aún, con el acompañamiento, el éxtasis, la complicidad total de la ultra derecha. Entre el imperio, la ultraderecha y esta supuesta izquierda existe el mismo parecido que entre tres gemelos idénticos.

¡Que casualidad! Igual que en Venezuela, Bolivia y Ecuador. También así es en Cuba. Otra casualidad: son los países miembros del ALBA. También así es dondequiera que el imperio tiene intereses políticos. En Irak se desató una guerra de balas y de bombas. En Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua, otra guerra de palabras feroces, de calumnias. La inagotable capacidad para una flema amarilla, abundante y bien remunerada.