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Solía por las tardes sentarme a leer frente a una casa grande de paredes blancas y textura de alto relieve, ante mis ojos deslumbraba imponente una estatua vetusta que se encontraba en la entrada de esta, me conducía ligeramente a la idea que estaba ante la presencia de una casa no muy común, de cierto modo me atraía y me transportaba.

Para ese tiempo del año 1999 mis versos eran nada más una emulación de Darío y Bécquer, pues no tenía conciencia en mi casi ignorancia literaria del casi pecado poético que cometía al fusionar tales versos del uno y del otro, sin embargo me hacía soñar y vivir a plenitud esa magia de creer que mis manos acercaban literalmente a estos dos personajes que escuchaba constantemente mencionar a mi maestra Socorro Bonilla Castellón (q.e.p.d), misma que después de dos años, al leer una de estas tantas travesuras tomó la sabia decisión de que trabajara junto a ella en el despacho de la rectoría de la Universidad del Valle.

Transcurridas unas semanas de labores, recibo de sus propias manos una invitación cultural que aún conservo entre mis archivos más preciados; recuerdo que me dijo con aplomo que llegara elegante y cumplido al horario establecido.

El taxi que me condujo a la dirección escrita en la invitación me dejó justo a la entrada de aquella casa que se había convertido al tiempo en mi sueño de poder ingresarla; y ahí estaba yo, nervioso, asombrado e ingresando al Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica por vez primera.

Detenidamente observé de cerca y pasando mis manos más de una vez a la estatua de Gonzalo Fernández de Oviedo; sentí un intenso frío recorriendo mi piel; llegué hasta el auditorio y la única persona que se encontraba en ese minuto era el poeta Ariel Montoya, quien estrechó su mano con la mía y me brindó la bienvenida y la invitación a que tomara asiento.

Francisco Arellano Oviedo, Nydia Palacios, Jorge Eduardo Arellano, Margarita López Miranda, eran algunas de las personas que, recuerdo, también asistieron en esa oportunidad. Desde esa fecha hasta hoy, el INCH ha sido mi cuna y mi casa, donde me he desarrollado como amante de la poesía y el arte en general, me honro ser miembro y donde he encontrado entre una gran cantidad de amigos y amigas, la familia que me abraza, me sonríe, me consuela, me inspira y me quiere.

Hay quienes creen en las casualidades, otros desean pensar en el destino, en ese camino que conduce la atracción de los sueños y día a día emprendemos a conquistarlo. Aunque en medio de la timidez un aire frío se apodere del perímetro de nuestros corazones y no logremos reconocer al artista que llevamos dentro, un ángel hecho luz en los ojos de una de nuestras amistades siempre estará cerca brindándonos una mano y en el interior del corazón habrá una chispa encendiendo el fuego que consuma cada uno de los miedos.

Todas y todos somos capaces de soñar y hacer realidad nuestros sueños e incluso creer que nos equivocamos es permitido como lo es también caer en los intentos; pero perseverar y levantarse es casi una obligación moral que nos permitirá entender el propósito de cada uno de nosotros acá en la tierra. Acudir a esa tu primera cita y cumplir tu primer sueño, si aún no lo has cumplido, está cada vez más cerca. Disfrútalo.

 

* Poeta.

calizdelavega@hotmail.com