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El pasado 8 de diciembre falleció mi primo Pedro Joaquín Cuadra Morales. El escribía en esta página de opinión hasta hace menos de un año. Sus primeros escritos estuvieron inspirados por los más clásicos del ateísmo contemporáneo, a saber: Sam Harris, Richard Dawkings, Carl Seagan y Stephen Hawking.

Me acuerdo que el primer artículo que tuve la oportunidad de leer y contestar, llevaba por título “Carta a un ciudadano Cristiano”. En ella se hacían muchas serias objeciones tanto al cristianismo como a la Iglesia católica. Desde entonces, me propuse contestarle indirectamente, para no crear un ambiente de pleito o desacuerdo entre familiares.

Vivimos nuestra niñez y adolescencia en el mismo barrio por más de ocho años. Era un excelente jugador de ping-pong y un virtuoso de la guitarra. Con los años llegaría a perfeccionarse en ese arte hasta formar un grupo musical llamado “Sajonia”.

Estudió ingeniería civil y siempre fue muy racional y crítico con las creencias religiosas provenientes tanto de su formación católica en el Colegio Centroamérica, como de su propio ambiente familiar.

Cuando nos vimos en Costa Rica allá por los años ochenta, vino a mi apartamento a aprender a trabajar en carpintería. En una reciente ocasión me dio las gracias por esa experiencia muy aleccionadora, entretenida y divertida, ya que pudo hacer desde entonces, muchos muebles para su casa.

Yo siempre vi a Pedro Joaquín como el primo mayor que representaba muy bien el arte de la música como la mentalidad más crítica en lo que se refiere a las regiones. Siempre deseaba comprender las cosas hasta en sus más mínimos detalles. No dejaba escapar nada sin antes pasara por el tamiz de su razón. De allí que sus artículos en este diario hayan sido tan leídos, aplaudidos, aprobados, como criticados.

Siempre admiré su lógica de ingeniero y, aunque no estuve de acuerdo en muchas de sus heterodoxas opiniones sobre las religiones, ya que me hicieron pensar en demasía, que hasta pasaba muchas semanas sin dormir muy bien.

Sus objeciones eran contundentes y extremadamente sutiles. Algunas preguntas jamás pude contestárselas, ya que no tienen respuesta. Y lo curioso de todo esto es que él, sin darse cuenta, estaba abriendo un nuevo camino en la escritura periodística sobre temas religiosos, anteriormente abordados sin criterio racional y sin profundidad espiritual.

En una ocasión le confesé a mi hermano Ricardo que Pedro Joaquín era necesario en estos momentos. Necesitábamos que alguien hiciera objeciones de tipo intelectual a nuestras creencias.

Esta actitud la sufrió en carne propia por parte de muchos que lo veían como un ateo recalcitrante. Como la gran mayoría de este país es creyente, una mente privilegiada como la suya era un enemigo terrible. A más de un teólogo, sacerdote u obispo los oí quejarse al respecto.

En el último año de su vida Pedro se quedó en silencio. No escribió en EL NUEVO DIARIO ni tampoco participó en ningún foro de internet. Quizás lo hizo por necesidad económica o por dedicarse más al “negocio familiar”. O bien tuvo la oportunidad de estar más a solas consigo mismo para emprender de nuevo sus objetivas y contundentes objeciones.

Me acuerdo que en sus últimos escritos se volvió más moderado y menos crítico con los creyentes. Pedro solo nos dejó su legado musical e intelectual, su viuda Ully, y dos hijos, Pablo y Verónica. Descanse en Paz.

 

* Catedrático.