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Dedicado a la Memoria de Pedro Cuadra Morales y a sus lectores.

 

La religiosidad pertenece al mismo rango subjetivo del acto mental que inspira la metáfora poética, el sentimiento de lo inefable; o el acto de ensoñación y recuerdos que hacen presente experiencias anteriores.

Los fariseos, seguidores del “Libro de los muertos” egipcio anterior al judaísmo, dice Pablo en Hechos que creían en espíritus y una inmortalidad, como los ancestros Isaac y Jacob aparecidos en sueños; mientras en la sinagoga de los saduceos no creían en espíritus ni inmortalidad, pero eso no impediría tener sueños de sus representaciones mentales de Isaac y Jacob. Un fenómeno cultural de una actividad mental adquiere distinta forma institucional, la religiosidad de apariciones y aparecidos de imágenes preexistentes, una convención de normas de una sinagoga lo acepta y otra lo rechaza.

Aquí se distingue religión y religiosidad. Ejemplo, la religión católica norma el sacerdocio romano y el culto de héroes como intermediación con la figuración de la Divinidad; leen relatos bíblicos editados con apostillas, necesitan un catecismo doctrinal y el juicio de conciencia en el confesionario. En cambio, la religión de Reforma Cristiana, llamados “protestantes”, excluyen la necesidad de orden sacerdotal, prescinden de obediencia a una autoridad religiosa y héroes sancionados como mediadores, practican libre examen de conciencia y libre lectura de relatos bíblicos.

Pero protestantes y católicos, de religiones diferentes, no necesariamente difieren en su religiosidad o sentimiento religioso; razón del ecumenismo de Juan XXIII con los “hermanos separados”, aboliendo el principio de la Contrarreforma católica: “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Más bien, entre católicos puede haber grandes diferencias de religiosidad; tanto como la religiosidad pietista de un católico francés respecto del catolicismo español del folclore de romerías, procesiones y promesantes.

Con frecuencia, la religiosidad difiere entre las capas populares y la jerarquía católica, como cuando Monseñor González Robleto prohibía la “traída del santo”; sin embargo, había polémica entre los curas de abrir las iglesias de la Sierrita y Santo Domingo en Managua. También hay curas católicos cuya religiosidad es objetada por la autoridad, que los somete a silencio sin expulsarlos del catolicismo. Luego, la autoridad católica admite distintas formas de religiosidad dentro de una religión institucional.

Por tanto, podemos distinguir entre religión institucional y religiosidad. Para el libre pensamiento, la religiosidad de un individuo es asunto privado, mientras que la religión como forma institucional puede ser objeto de discusión entre seguidores de la misma religión, o de distintas religiones o por parte de los ateos. Pues, si entre los mismos católicos discuten acerca de cuestiones doctrinales en sus concilios, y los evangélicos se dividen en distintas iglesias que critican sus principios unas a otras, es lógico que también los ateos opinen o discutan sobre las instituciones, normas y doctrinas de las religiones. No se discute la religiosidad en la esfera privada de la libertad individual, se opina de asociaciones o instituciones públicas, sus normas y doctrinas.

El libre pensamiento y la libertad de expresión son principios democráticos liberales.

 

* Catedrático ®