• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

Pocos intelectuales nicaragüenses han realizado intentos serios por tratar de conocernos a nosotros como pueblo; auscultar nuestro pasado tratando de discernir las causas de nuestras tragedias como nación y dar respuestas a una gran interrogante: ¿por qué somos uno de los pueblos más desdichados del mundo?

Han sido principalmente historiadores y científicos sociales quienes han acumulado una buena cantidad de explicaciones –hipótesis– al tratar de dar respuesta a nuestras angustiantes inquietudes.

Se ha aducido, por ejemplo, que las constantes guerras civiles y la falta de gobernabilidad democrática en los siglos XIX y XX fueron producto de la herencia colonial; otros apuntan a que la imposición de modelos exógenos a la realidad de Centroamérica abrió una brecha entre las ideas y la realidad, la cual no hemos podido cerrar todavía. Hoy, algunos economistas y abogados apuntan que la falta de institucionalidad se debe a las excesivas pasiones y ambiciones de los líderes políticos.

Aunque estas tesis tratan de explicar nuestro constante y permanente grado de inestabilidad, es necesario apuntar que escasamente han contribuido a esclarecer de manera total el carácter fatalista de nuestra historia.

José Coronel Urtecho, en sus tres tomos de “Reflexiones sobre la historia de Nicaragua (de Gainza a Somoza)”, trata de buscarle sentido a nuestra historia; asimismo explicar los hechos que dieron inicio al periodo de la anarquía y analizar sus significados a través del tiempo. Coronel señala que después de la independencia la autoridad pasa de la persona del rey a la voluntad general. Sin embargo, esta idea, a comienzos del siglo pasado era incomprensible para la mayoría de la gente y en la práctica significó un verdadero laberinto de voluntades y autoridad en conflictos.

Para Coronel lo primordial después de la independencia era reconstruir la autoridad, ya fuera federal o centralista, para llenar el vacío de poder dejado por la corona española. Sin embargo, uno de los grandes obstáculos fue que los conservadores no podían ver otra Centroamérica más que la misma de la tradición; en cambio, los intelectuales liberales querían una nación al estilo federado de los Estados Unidos.

“El fracaso de los unos y otros consistió en no haber encontrado una manera de conjugar la tradición con la modernidad”, escribió Coronel. Pero habría que agregar que los próceres no se pudieron inventar una Carta Fundamental inspirada en la realidad centroamericana, con equilibrio de las aspiraciones e intereses de unos y otros.

Lo curioso de la independencia es que, aunque había sido proclamada como un hecho conservador, era en sí misma un hecho liberal, puesto que los comerciantes conservadores se resistían al liberalismo político y social, pero aspiraban al liberalismo económico.

Pero aun más contradictorio es el hecho de que el proyecto de los liberales derivaba del federalismo norteamericano, que era, precisamente, la corriente conservadora de EE.UU., y apuntaba al fortalecimiento de la autoridad y al presidencialismo.

Lo más paradójico del proceso de la independencia fue que los conservadores no se dieron cuenta de que tanto el principio de autoridad como el federalismo correspondían a su ideario, por eso actuaron del mismo modo que los liberales, aunque en sentido opuesto, es decir, “agarrándose al otro cuerno del dilema”.

La falta de un punto medio parece ser que trajo consigo un momento de flujo y reflujo; de odios y pasiones; y sobre todo la oportunidad de aceptar o rechazar la autoridad a su capricho, ya que nadie contaba con los medios para imponerse por la fuerza.

Cuenta Coronel que la guerra y la anarquía habían sido de tal ferocidad que dejaban espantada al resto de Centroamérica, y que la crisis que se prolonga durante todo el siglo XIX tuvo su origen en la desintegración de la sociedad colonial. “Tal vez –escribe Coronel– la historia de Nicaragua sea en definitiva una confusa lucha por encontrar un equilibrio que aún no sabemos dónde se encuentra ni en qué consiste”.

Lo peor que considera Coronel en la actualidad, es que la historia “ha sido la prolongación de la guerra civil, puesto que se ha escrito desde un solo ángulo, ha sido unilateral e incompleta”. Y, consecuentemente “los libros y folletos de los historiadores puede decirse que en cierto modo correspondían a los cánones y fusiles de los combatientes”.

Es decir, Coronel Urtecho consideraba que no existen libros de historia realmente nacionales, lo que deviene en una visión maniquea, incompleta y partidista del pasado, que a su vez hace imposible la superación intelectual del estado de guerra civil en que se vive.

Estas dos visiones han creado confusión, y lo que es peor, no han dado explicaciones ni oportunidad de comprender el significado de la guerra civil a lo largo del tiempo, así como la profundidad de sus efectos en la vida nicaragüense.

* Abogado e historiador.