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En ocasión del funeral de Nelson Mandela, coincidieron en el mismo sitio, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro. Ambos mandatarios se estrecharon las manos y conversaron brevemente. El hecho ha causado numerosos y variados comentarios. Es importante que el saludo se haya dado en el homenaje a quien tanto luchó por la paz.

Cuando en Nicaragua triunfó la revolución sandinista, el 19 de julio de 1979, poco tardó para que los Estados Unidos de América impusieran sanciones económicas, similares a las que mantienen contra Cuba. No solamente trataron de aislar económicamente a Nicaragua, sino que financiaron una guerra de agresión que costó muchas vidas y causó pérdidas en el campo productivo.

El gobierno de Nicaragua, mantenía una fuerte campaña en el exterior, denunciando la agresión imperialista, los ataques descarados de la CIA. Pese a las limitaciones económicas, la presencia gubernamental en el campo internacional estaba priorizada. El presidente Daniel Ortega Saavedra, se hacía sentir en los principales foros mundiales, como la ONU y tomas de posesión presidenciales.

Para entonces, tuve la oportunidad, en varias ocasiones, de acompañar al comandante Ortega Saavedra, en calidad de su asistente militar presidencial, más que todo por la confianza que siempre nos ha unido. Después de un período de cruel dictadura, en el Uruguay, comenzaba un proceso de democratización, con el triunfo electoral de Julio María Sanguinetti Cairolo, líder del Partido Colorado. Tomaría posesión el 1 de marzo de 1985.

Fue impresionante, cómo desde el aeropuerto de Montevideo hasta el hotel donde nos alojaríamos, miles de ciudadanos dieron la bienvenida al comandante Daniel. Nos llevaron a un gran hotel, el Victoria Plaza, frente donde está el monumento al general José Gervasio Artigas. La sorpresa fue saber que el hotel era propiedad de la Secta Moon, el movimiento anticomunista fundado por el coreano, Sun Myung Moon.

Cuando llegamos al sitio donde sería la toma de posesión presidencial, dada la trascendencia del acto, inicio del fin de la dictadura militar, había muchos jefes de estado, numerosas delegaciones. La llegada de Daniel llamó bastante la atención, los periodistas estaban pendientes de sus movimientos. En tales ocasiones, le acompañaban el canciller, padre Miguel D’Escoto Brockman y mi persona.

Miguel, conocedor de muchos personajes presentes, le recomendó a Daniel comenzar a saludar, iniciando con el Nuncio Apostólico en el Uruguay. Fue así saludando a otros presidentes. Siguió caminando, cuando de pronto quedamos frente a Alfredo Stroessner, el dictador paraguayo, amigo de Anastasio Somoza Debayle. Yo me interpuse entre él y Daniel, Miguel le tomó del brazo y giró hacia la izquierda, encontrándonos frente a frente con el vicepresidente George Bush, acompañado del Secretario de Estado, George Shultz y un intérprete.

Daniel y Bush se quedaron viendo. Daniel levantó el brazo derecho y extendió su mano en señal de saludo. En el recinto se hizo un total silencio y los presentes quedaron pendientes de qué pasaría. Bush en forma atropellada le dijo que no le daría la mano porque Daniel no tenía buenas relaciones con Monseñor Obando y Bravo, le reclamó las relaciones con Cuba y la Unión Soviética.

Daniel escuchaba al traductor con mucha serenidad, sin bajar el brazo, con la mano extendida en señal de saludo. Cuando Bush hizo una pausa, Daniel con firmeza le dijo: le doy la mano en señal de paz, me la da o no. Bush desconcertado quedó viendo a Shultz, quien hizo con la cabeza una señal afirmativa. Bush extendió su mano. En el gran salón se produjo un fuerte aplauso. Las cámaras disparaban los flashs, dando la impresión de cienes de relámpagos. Ignoro si Daniel o Miguel guardan esa histórica foto.

Es oportuno recordar el saludo de Daniel y Bush, ahora que se ha dado el de Obama y Raúl. Fue importante, ya que ese mismo día, por la noche, en el Hotel Victoria Plaza, hubo una reunión bajo estricto secreto entre Shultz y Daniel, en la habitación de este. Fue el primer contacto a altos niveles entre ambos gobiernos.

 

* Periodista/Historiador.