Augusto Zamora R.*
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El último fallo de la Corte Internacional de Justicia, rechazando por unanimidad las medidas cautelares solicitadas por Nicaragua, es un aldabonazo. Un aviso de que la estrategia general en ese litigio navega a la deriva.

La lectura de la decisión de la CIJ es una revolcada sin paliativos, una petateada en toda regla a las tesis nicaragüenses, que causa sonrojo, además de generar naturales dudas.

No dio la Corte valor a los alegatos de Nicaragua. Encontró contradicciones y debilidad en la argumentación presentada. No supo probar lo que afirmaba. Fracasó en una regla fundacional del Derecho: Dame a mí hechos, que yo te daré derechos. Ante la CIJ no se improvisa.

Quizás llevados por la euforia tras los triunfos ante Honduras y Colombia se está bajando la guardia. Creyendo que tiene Nicaragua, no abogados, sino magos en la CIJ.

Rápido se olvida que a Honduras se ganó por hechos y políticas de los 80, de las que no participó ningún miembro del equipo presente. Que lo de Colombia fue esfuerzo de dos siglos, con un salto medular también en los 80.

No hay magos en La Haya. Ningún país llega a litigar sin antes contratar equipos solventes de abogados. Ganan los países que presentan las pruebas más contundentes, los hechos más sólidos. Nicaragua, ahora, falló en pruebas, hechos y argumentos.

Urge definir una estrategia. Establecer líneas claras de defensa. Si no lo hacemos, Nicaragua volverá a naufragar.

 

augusto.zamora@yahoo.es