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En base a diferentes estudios preliminares, se ha aseverado que Nicaragua podría contar con un Canal Interoceánico operativo en la segunda mitad del Siglo XXI, independientemente de la expansión que se lleva a cabo actualmente en el Canal de Panamá. Los factores que determinarían esa posibilidad serían el estado de la economía mundial, en particular la de EE.UU. y el nivel de comercio que este desarrolle con Europa; pero principalmente con países del Pacífico Occidental, especialmente China, Japón, Singapur, Taiwán y otros como Australia y Nueva Zelandia.

Las tendencias en el comercio marítimo mundial, el número y la concentración de las líneas navieras y de la propiedad, y el tamaño de los buques mercantes, sobre todo los buques de contenedores de gran calado. Pensar que una sola organización, o un solo país, por muy poderoso que fuere, pueda ser factor único determinante en la construcción de un Canal Interoceánico por Nicaragua, está fuera de la realidad.

Los días 11 y 12 de diciembre se publicó en un diario local, en dos entregas, un amplio reportaje sobre el posible canal nicaragüense, enfocado desde el punto de vista panameño, y con la colaboración de eminentes profesionales de ese país vinculados de una manera u otra al tema. El reportaje vino acompañado de un editorial.

En lo que se refiere a la primera entrega, no podemos sino secundar en todos los puntos apuntados por los expertos panameños, pues todos y cada uno de ellos deben ser técnica, legal y económicamente resueltos de manera satisfactoria, según las circunstancias imperantes en Nicaragua, para que el proyecto en su conjunto pueda llegar a ser una realidad.

En lo que se refiere a la segunda entrega, “Un canal no merma la pobreza”, hay que señalar importantes diferencias entre Nicaragua y Panamá, para que los temas allí recogidos puedan ser apreciados en su justo medio por los nicaragüenses.

Panamá, junto con Costa Rica y Belice, son los países que podríamos llamar “ricos” en la región. Su nivel de productividad (Producto por persona) es 1.6 veces superior a El Salvador, 2.2 veces superior a Honduras, y3.3 veces superior a Nicaragua.

No dudamos en absoluto de lo adecuado de los comentarios sobre los beneficios del canal -o falta de ellos, según la óptica-, sobre la economía panameña. Pero ese no sería el caso en Nicaragua. Este proyecto duplicaría o triplicaría el nivel de la economía nicaragüense con los consiguientes beneficios que eso conllevaría.

También no es exacto que Nicaragua necesitaría varias décadas para desarrollar los servicios necesarios para la operación del canal. En un proyecto bien planificado estos servicios se construirían coetáneamente al resto del proyecto.

Por último quiero referirme a un punto que, aunque no es parte del reportaje que nos ocupa, es punto central de los debates periodísticos sobre el canal: la probable contaminación del Gran Lago. Basta señalar la situación del Lago Gatún en el Canal de Panamá, donde se tiene un récord impecable en cuanto a contaminaciones se refiere. En general, las contaminaciones son mínimas en el comercio marítimo mundial.