Bayardo Altamirano
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Me preguntan, ¿por qué estudiar filosofía como parte esencial de los estudios universitarios? Hay muchas respuestas. En muchas universidades estadounidenses se afirma, con abundante razón, que la filosofía es sustento y orientación imprescindible de disciplinas como economía, derecho, ciencia política, historia, letras, periodismo, antropología y ciencias naturales. O sea, de toda la formación universitaria.

Matthew Stewart, un empresario estadunidense muy exitoso da este consejo: ¿Quiere tener éxito en el mundo de los negocios? No pierda tiempo estudiando la maestría en administración de negocios. ¡Estudie filosofía! Tiene conocimiento de causa. Es autor de varios libros, entre ellos El mito de la administración; fundó y dirigió una empresa de consultoría que tiene 600 colaboradores. Después de analizar el desarrollo de las ideas que constituyen la base de la ciencia de la administración, concluye que es una disciplina hueca, inane; la capacidad analítica, la imaginación y la creatividad, habilidades intelectuales útiles en los negocios, no se obtienen con los estudios de administración. En cambio, los desarrolla el estudio de la filosofía.

En Nicaragua se ha generado un movimiento para que la filosofía sea reincorporada en los planes de estudio de la secundaria y se fortalezca en todos los niveles empezando por el nivel básico.

Pero no el uso instrumental de la filosofía que avizora Stewart, mera dispensadora de herramientas para la administración o para cualquier otra actividad práctica. Poner la filosofía al servicio de los negocios significa traicionar dos de sus más valiosos componentes: la ética y la filosofía política. Otro interés orienta los esfuerzos animados por organizaciones de académicos.

Hacer negocio es enriquecerse con dinero cuyo valor es mayor que el del trabajo realizado para obtenerlos, explotando el trabajo de otros mediante la especulación, el abuso, el engaño o la apropiación de los recursos naturales. Si no, no es negocio.

Hacer negocios no es una acción que por sí misma impulse el desarrollo de la sociedad. Ni es inocua desde el punto de vista ético o social. En veces, los negocios, generan la producción de objetos o servicios útiles. Otras generan todo lo contrario. Incontables negocios se hacen mediante la producción de cosas inútiles o dañinas, con complementos onerosos como la publicidad. Otros mediante la destrucción de cosas útiles. Con guerras y causando estropicios a la naturaleza, a los individuos y a la sociedad. Después se hacen negocios remediándolos. Otro efecto destructivo es la corrupción que agobia al mundo, impulsada por la ambición y el afán de posesión y poder del mundo de los negocios.

Los directivos de ciertas reformas, tan preocupados por el atraso de nuestro país y de nuestro sistema educativo, deben tomar nota. La filosofía debe ocupar el lugar central que le corresponde en los contenidos de la educación y también en la definición de políticas y reformas educativas.

La filosofía no desaparecerá por la proliferación y desarrollo de disciplinas especializadas. Por el contrario, es creciente el número de preguntas que este desarrollo genera y cuyas respuestas exigen reflexión, abstracción y crítica. La filosofía puede cultivarse con propósitos perversos como el lucimiento y la vanagloria, o para aprender a ser muy listos en los negocios; pero debe estudiarse para ser útil a la humanidad y enriquecer la vida y darle sentido.

La filosofía, o sea, la crítica ética, política, lógica, es una tarea apremiante para nutrir la respuesta eficaz de la sociedad a los atropellos de las reformas estructurales. Para el pueblo el saldo de los negociazos que persiguen cierta reforma serán perjuicios graves.

 

* Docente, UNAN-Managua.