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Me da gusto saber que aún hay niñas y niños que muy a pesar de los avances tecnológicos juegan a las escondidas, sienten el olor a la tierra jugando chibolas, brincan cuadros marcados en forma de rayuelas, leen libros de cuentos y sueñan con sus príncipes y sus princesas.

La niñez guarda una inocencia y un espíritu angelical, y en cada sonrisa se describe un arcoiris irrepetible; sin embargo no puedo negar que existen quienes por irresponsabilidades, algunos o muchos de nuestros angelitos han pasado y siguen pasando carencias, abusos, maltrato y hasta abandono. Hay que verlos como lo que son, escucharlos, sentirlos, amarlos, respetarlos y cuidarlos en todo momento.

Compartir nuestro tiempo y ser cómplices de sus ingenios los hace ser más seguros; si les acompañamos con un abrazo y les mostramos con ejemplos que, con palabras no alteradas se construyen diálogos basados en el respeto, la tolerancia y la honestidad, estaremos no sobreprotegiéndolos de ninguna manera, sino, cimentando las bases de una cultura de paz genuina, enarbolando una bandera sin mácula alguna.

Porque en ellas y ellos no está solamente el futuro esperándoles; está dinámicamente el presente, y nosotros como agentes de cambios brindémoselos de forma positiva desde hoy para que lo sientan suyos y descubran cada día el bello amanecer de ser generosos desde esa etapa florecida de su niñez.

Las niñas y los niños de hoy ciertamente son más vivaces a como lo fuimos nosotros y muchas veces nos sorprenden con algunos gestos, palabras, respuestas e iniciativas. La educación inicial en esta etapa es fundamental para sentir el aroma de los buenos hábitos y valores humanos; pero hay que tener la fineza de hacerla atractiva e incluso lúdica para el mejor de los aprovechamientos.

Ver a los ojos a una niña o a un niño con la claridad de las palabras que se registran en su mirada nos deja una lección de inocencia, inocencia que muchas veces con el tiempo la

hemos ido perdiendo en nuestra “burbuja adultista” en la que vivimos. Jamás es demasiado tarde para recuperar de esa niña o ese niño que llevamos dentro, la ternura y la enorme capacidad de perdonar mientras nuestros corazones aún adoloridos nos muevan el gozo de estar vivos.

Te invito a que apadrinemos a una niña o a un niño, ya sea un familiar, amigo o vecino y lo hagamos de una forma muy especial, natural y sencilla; enseñémosle a orar y ser agradecido, brindémosle cariño, preguntémosle cómo se siente, abracémosle, pidámosle a que nos invite a jugar y que nuestra niñez sea prolongada en ellas y ellos. Dios nos continúe bendiciendo cada día.

 

* Poeta.

calizdelavega@hotmail.com