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En los últimos diez años, en todas las sociedades del mundo, la comunicación y el mercado de los medios ha ido transformando profundamente y modificando la estructura y las formas organizativas de los grupos sociales; esto ha hecho que el radio de acción se expanda y tengan eficacia en los clientes-consumidores de todos los niveles socioeconómicos, no solo de consumir el producto generado desde estos medios, sino de legitimar y asumir como propia cada pieza comunicacional consumible. Prácticamente estamos frente a una revolución de la vida cotidiana a partir de las nuevas propuestas que generan estos nuevos medios.

El mercado de los medios con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación ha venido imponiendo su agenda de información, entretenimiento, gustos, libros, música, películas, videojuegos, banco de datos, portales, en fin, es lo que algunos llaman la tiranía de las industrias culturales, y en las que las sociedades cada día se miran atrapadas y forzadas a entrar a un escenario que cada día es único y necesario, para continuar con las dinámicas cotidianas.

El aumento de la población y la transformación del tejido social a partir de estos nuevos medios, y los productos generados desde las industrias culturales producen un aumento y una ampliación del consumo de productos de comunicación; el aumento y la diversificación hacen crecer las dimensiones económicas de la comunicación.

Esto lleva no solo a la compra directa de los consumidores, sino que a partir de estas diversificaciones, los medios y la producción cultural amplían el negocio comunicacional; los medios sufren cambios constantes para acomodarse a las fluctuaciones que se producen en las empresas; esto se percibe en las compras de espacios publicitarios, donde se puede sacrificar un contenido de bien común para ubicar una publicidad, porque es lo que genera no solo rentabilidad, sino que va consolidando una ideología en correspondencia con lo que el mercado exige.

Hoy la industria de los medios se ha convertido en un poder paralelo al de la economía; en otras palabras, es el primer poder y no como clásicamente se dice o siguen diciendo: el cuarto poder. De todos es conocido que los medios son los grandes cómplices de los grandes proyectos de carácter social, políticos y económicos; no por gusto los que ostentan el poder han buscado como sus grandes aliados a los medios de comunicación y desde ahí generan sus discursos dominantes.

Hay que considerar el papel de las redes sociales en lo referente al mercado de la comunicación. Según Giusepi Richeri “las redes ya no pueden considerarse meras infraestructuras, porque se están convirtiendo en un espacio comercial o, si se quiere, en una gran superficie sobre la que se realiza un número cada vez más elevado de transacciones que afectan a una creciente variedad de productos y servicios”.

Esto quiere decir que cuando hablamos de industrias y producción cultural el mercado cada día se expande en las diferentes formas de comunicación y utiliza todos los medios que están a su alcance para fortalecer lo que se denomina mercado de la comunicación, y donde la industria cultural es la que marca el paso para la fijación del consumo que generan las industrias de la cultura.

La moda de las redes ofrece elevada capacidad de transmitir de punto a punto, de punto a grupos, de punto a masas… A través de este mecanismo es que las industrias culturales consolidan sus productos y consumidores.

 

* Consultor y catedrático universitario.