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La política exterior de Obama es clara. Interesa Asia, por sus impetuosos osos y tigres; el Medio Oriente, por petróleo y terrorismo; Europa, por las alianzas; África es un imperativo moral y genético. En ese contexto, el Secretario de Estado estadounidense John Kerry visita Ho-Chi Ming city, capital del Vietnam, país con el que Estados Unidos estuvo en guerra por veinte años.

Hace poco, Andrés Oppenheimer le dijo a Kerry que sus dos únicas visitas a Brasil, Colombia, en dos años, corroboran el pobre interés estadounidense en Latinoamérica.

No somos prioridad. Nuestro comercio con Washington, en muchos casos está delimitado en TLCs. Lo único que a la Casa Blanca le interesa es que el narcotráfico no escale hacia el Norte.

Lo sorprendente de todo esto es que con Cuba -su vecino de enfrente- no tiene interés en mejorar sus relaciones, siquiera a nivel cordial. Y con Cuba nunca tuvieron guerra. Es más, Corea del Norte, Libia e Irán, le han sido más hostiles a Washington. ¿No interesa en absoluto tener pláticas con la pequeña Cuba o es el fuerte cabildeo de Miami el que las impide?

Ambos factores son influyentes. Pero la política exterior de EEUU hacia Cuba -por el embargo- nunca dio resultados. Paradójicamente, EEUU es el quinto socio comercial de Cuba. EEUU le vende a Cuba lácteos, arroz, carne avícola, trigo, maíz, soya, legumbres. $464.4 millones de dólares fue el monto del comercio en 2012.

Y si ahora Raúl está haciendo reformas de economía de mercado (que ellos llaman con desdén anticapitalista cuentapropismo), es por iniciativa y necesidad propia de los angustiados Castro. Ellos han visto que los otrora radicales socialistas -China, Rusia, Vietnam- alcanzaron un desarrollo exuberante, lo cual, lógicamente, les deprime. ¡Y los hermanos Castro que aprovisionaron mucho a la sinfónica socialista global del siglo pasado, hoy día no se les reconoce ni como timbaleros!

No es para menos. Rusia puso sangre en Afganistán y luego se retiró; la China tuvo sus guerritas con Vietnam por asuntos fronterizos, y luego todo fue abrazos y armisticios en papel de arroz. Pero los cubanos derramaron su sangre a borbollones por el socialismo, en África, América Latina, y muy probablemente en Indochina.

Entre los 70 y los 80 Fidel Castro envió miles de soldados al cuerno del África a luchar por la “la liberación de los pueblos oprimidos”. Incluso mandó obreros a cortar pinos a Siberia y a realizar faenas durísimas para ayudarle a los sóviets con sus ineficientes planes económicos quinquenales. ¿Ingratos u olvidadizos los Kremlinianos?

Para opacar más al dúo Castro, el Che (¡incluso muerto!) es el ubicuo estandarte en cualquier protesta en el mundo; las reformas tardías de Den Xiao Ping tienen a China como segunda potencia económica global; mientras Rusia, aunque no tan tecnificada, sí se jacta de su diplomacia sagaz, armas pavorosas, vasta geografía, extensas reservas de petróleo, y su medio-pertenencia a la civilización cristiana occidental.

Todo marchaba bien hasta que llegó Gorbachov. Vino la debacle de la Madre Rusia. Cuba quedó a la deriva como un viejo buque averiado, desposeído, enclaustrado, huérfano; solo guiado por octogenarios y errados grumetes de Sierra, que no toleran disensión ni oposición. Pero Chávez fue el ángel de Cuba, que lucía vencida y sin fe. Pero Maduro no es Chávez. Tampoco Putin es Breznev.

La prensa norteamericana hizo una alharaca por el saludo cortés de Obama hacia Raúl Castro. ¿Y por qué no dijeron nada cuando el mismo Obama llamó por teléfono al nuevo Primer Ministro Iraní Hassan Ruhani, si Irán ha sido un enemigo mucho más hostil con Washington?

¡Caramba! Esa es la naturaleza de la política: hablar con todos los adversarios. Es un método para buscar arreglos con los enemigos, por muy malos que nos parezcan. Es el arte amoral al que se refirió Nicolás Maquiavelo.

Si EEUU y Cuba dejan atrás sus reproches ideológicos, será más provechoso para los EEUU mismos; y la democracia, los derechos humanos y el desarrollo de Cuba. Un primer paso en esa dirección lo dieron, forzadamente, los Castro; más con temor que entusiasmo para reconocerlo, porque su revolución socialista era un sombrero roto de mago pobre.

Hoy Obama tiene la oportunidad de tender una mano cierta y mandeliana para restablecer relaciones con La Habana. Solo ello le daría un chance genuino a todos los cubanos para que la democracia ahí surja con ímpetu y ánimo patriótico. O ¿cuánto tiempo más hay que esperar para que caiga la Cortina de bambú?

 

elsufigalileo@yahoo.com