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Me refiero al artículo del amigo Adolfo Miranda Saenz, publicado el 17 de diciembre. Es antibíblico afirmar que una persona que muere y ha profesado ser agnóstico y ateo pueda gozar de la presencia de Dios. La doctrina de la salvación es una de las principales o fundamentales del cristianismo. Es la eterna liberación espiritual que Dios concede a los que aceptan las condiciones de arrepentimiento y fe en Jesús, y entonces, gozan de la presencia de Dios.

Desde el momento en que el hombre saca a Dios de su existencia muere espiritualmente. La salvación implica fe, creer, confesión, conversión y arrepentimiento. Sin la fe, la reflexión sobre Dios a veces puede satisfacer la inteligencia, pero no nos permite conocer a Dios. Solo permite tener una idea intelectual de él. “Sin fe es imposible agradar a Dios”. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

Creer es indispensable para ser salvo. Dijo Jesús: “El que cree en mí aunque esté muerto vivirá”. “El que en él cree no es condenado, pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Confesión: “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Dijo Jesús: “El que me confiesa delante de los hombres yo también lo confesaré delante de mi Padre, y el que me niegue…”.

Conversión: es decir, el nuevo nacimiento. Nacer de nuevo es tener la vida divina, y significa haberse reconocido pecador ante Dios y saber que se es salvo por la obra de Jesucristo. “De cierto, de cierto te digo el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”.

Arrepentimiento: un cambio de mentalidad acerca del pecado. “Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados…”. Decía Jesús: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!”. La salvación se obtiene hoy acá en el momento que creemos, después de muertos nada ni nadie puede hacer algo por ella, mucho menos conocer a Dios. Demasiado tarde. “He aquí ahora el tiempo aceptable, he aquí ahora el día de la salvación”.

La Biblia llama “necio” al que dice “no hay Dios”. El hombre que pone en duda, niega o rechaza la inspiración divina de la Biblia, su autoridad, la muerte y resurrección de Cristo, la obra de la redención, la divinidad de Jesucristo, es imposible que pueda gozar de la presencia de Dios.

No corramos el peligro de ser llevados a la deriva por la corriente de falsas enseñanzas, por la mezcla de diversas opiniones aparentemente cristianas. Estas ideas destruyen lo que Dios ha establecido para nuestra fe. Las verdades de la Palabra de Dios son inmutables. La salvación es un regalo de Dios, acéptela al aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador, porque sin él permanecemos perdidos y lejos de Dios.

 

ocalero@gmail.com