Francisco Javier Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El vecino más grande y poderoso de Centroamérica, después de México, cuya beligerancia e influencia político-económica se redujo en las últimas décadas en América Latina, cediendo espacio a Brasil, es sin dudas Colombia.

El conflicto armado colombiano, cuyas raíces se encuentran en la exclusión y la intolerancia, el más antiguo del continente, ha incidido en la seguridad regional y vislumbra su fin por el avance de las negociaciones de paz reiniciadas entre el Gobierno y las FARC. La posibilidad de encontrar un camino y comenzar a construir una paz duradera ofrece una nueva oportunidad. Hay agotamiento social y se desgastan las fuerzas involucradas en la contienda por el daño humano, moral y material causado. Se ha llegado a un punto donde la salida posible es acelerar su conclusión mediante un acuerdo político que reduzca los males que puede ocasionar su extinción si se prolongase en el tiempo. Nuevos caminos, ojalá para solucionar los problemas internos, pueden ser identificados.

En el país de mayor oferta de cocaína en el sur fue conformada una compleja red de cárteles que administra la producción y tráfico desde el origen, pasando por Centroamérica y el Caribe, para llegar a los mercados en Estados Unidos y Europa. Estos “mecanismos comerciales” interactúan con numerosos “delitos conexos”, generan violencia, vulneran y corrompen los sistemas nacionales.

Conflicto armado y narcotráfico no son fenómenos aislados, han coexistido en el territorio colombiano aunque tengan propósitos distintos; han trascendido fronteras nacionales e implican control de grandes extensiones en donde el actuar del Estado está limitado. Obstaculizan el desarrollo económico, social e institucional de Colombia y traen consecuencias adversas en la región.

Centroamérica tuvo durante la última década incremento de la violencia. Factores extrarregionales se confabularon con vulnerabilidades nacionales. Al establecerse la paz en Nicaragua (1990), El Salvador (1992) y Guatemala (1996) quedaron en evidencia los problemas de pobreza, desigualdad y fragilidad institucional. Desde 2010 se observó un descenso de la violencia delictiva, los países centroamericanos (excepto Honduras), durante tres años consecutivos, muestran disminución de los homicidios, principal indicador confiable.

Además de las consideraciones nacionales, fue en parte consecuencia de disminuir el flujo de droga por Centroamérica y de la tregua entre pandillas salvadoreñas que avizoran agotamiento. ¿Por qué disminuyó la cantidad de droga que pasa por CA? La crisis económica en EE.UU. y Europa, al afectar el poder adquisitivo de los consumidores, disminuyó la demanda y dado que el narcotráfico tiene comportamientos típicos de “mercado” y “la oferta crea la demanda”, muchos consumidores recurren a “productos sustitutos”: drogas sintéticas producidas en los principales países compradores.

La magnitud poblacional, territorial y económica de Colombia con respecto a Centroamérica es evidente. CA (44.6 millones de habitantes) tiene el 95% de la población de Colombia; la extensión de Colombia (1.1 millones de kilómetros cuadrados) es 2.2 veces mayor que CA; el PIB (2012) colombiano es 62% mayor que el de CA, que, sumando las siete economías que la integran, es de 311 millones de dólares. El IDH (2013, PNUD) ubica a Colombia, Panamá y Costa Rica (dos últimos con mejor indicador que el primero) en alto nivel de desarrollo humano, mientras al resto de países centroamericanos los clasifica en medio.

Colombia registró durante los últimos cuatro años crecimiento promedio anual de 4.5%, Centroamérica no pasó de 4%. El fin del conflicto permitirá que el PIB colombiano se expanda 1-2 puntos porcentuales adicionales en los siguientes años. Una economía tan próxima a Centroamérica con esa magnitud y perspectiva extenderá, como obvia consecuencia, su influencia hacia el norte. El vecino del sur observa a Centroamérica y el Caribe como escenarios naturales e inmediatos para expandirse. Las regiones centroamericana y caribeña, fragmentadas en muchos países pequeños, a pesar de los esfuerzos de integración económica y política, continúan insipientemente cohesionada.

Si Colombia establece la paz posible, tendrá en el corto plazo posibilidades de mejorar el control sobre el narcotráfico en su territorio y oportunidad de ampliar su economía en el territorio inmediato —como lo ha hecho durante los últimos cinco años— con mayor aceleración. Muchas empresas colombianas se asentarán en la región, capitales de origen colombiano (de diverso origen) adquirirán control económico sobre numerosas operaciones regionales (banca, líneas aéreas, industria, comercio, tecnología, etc.).

Centroamérica, aunque podrá beneficiarse de la paz que alcance Colombia con la reducción de la violencia y nuevas oportunidades de negocio, corre el riesgo de “ser comprada” o “absorbida”, dada su fragmentación y pequeñez, por la economía colombiana que de manera audaz incursiona y acelera su expansión.

 

www.franciscobautista.com