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Un preocupante mensaje envió la Unión Europea a los grupos desprotegidos, culpándolos de los problemas económico-sociales. La lógica aducida es que hay que frenar la inmigración y su consecuente coste económico-social en los servicios públicos y dimensiones del estado de bienestar.

Es incierto si algunos gobiernos europeos continuarán aplacando el racismo y la discriminación con medidas típicas de los años treinta, en el auge del pánico social, erosión de las clases medias y antesala de la Segunda Guerra Mundial que produjo la hecatombe.

En ese contexto de incertidumbre y temor, no es de extrañar que el Consejo Europeo decidiese postergar decisiones drásticas y la aprobación de un plan estratégico para afrontar el reto de la inmigración hasta después de las elecciones europeas de mayo del año próximo, para lograr un acuerdo en tal sentido.

De esta forma, los estados miembros de la Unión Europea pretenden alimentar las campañas de los partidos de ultraderecha en lugar de amenazar la estabilidad de ciertos gobiernos conservadores o en coalición que optan por férreas medidas contra inmigrantes y “europeos errantes” (como el reciente caso de la familia Dibrani).

En abril de 2011, durante la administración de Nicolás Sarkozy, el gobierno francés ordenó cerrar la frontera con Italia, violando el acuerdo de Schengen, para contener el éxodo de inmigrantes del norte de África que utilizarían suelo italiano como zona de paso para adherirse a las comunidades magrebíes radicadas en territorio galo.

Mientras tanto, más de lo mismo: asiduas llegadas a Lampedusa y Malta de embarcaciones colmadas de personas desesperadas y ansiosas de refugiarse en Europa.

A mediados de este año, la Unión Europea, UE, advirtió a sus ciudadanos que tendrían que afrontar más penurias económicas. Un informe publicado el 3 de mayo 2013 señala que la Comisión Europea prevé que el deterioro económico en la región continuará hasta 2015, coligiendo que después llegará la recuperación.

Los expertos estiman que el desempleo en la eurozona ascenderá a 12.2% este año, superando el 11.4% de 2012. En España, este indicador aumentará a 27%, en Portugal a 18.9% y en Grecia, después de tres años de rigor económico, el desempleo aumentará en 2.7%, alcanzando un índice de 27%.

Tal tendencia será devastadora para los jóvenes. Se calcula que en España el desempleo juvenil alcanzará un 52%, cercenando el futuro a toda una generación. Idéntica propensión se presenta en los países ricos del norte de Europa. En Alemania se presume un crecimiento económico de solo 0.4% en este año, y desde Austria hasta Holanda el panorama vislumbra el declive.

La crisis carcome la identidad europea. Tras la Segunda Guerra Mundial, los europeos pudieron contar con una red de seguridad social que protegía a los menos afortunados, sostenía a los desocupados hasta que pudieran emplearse y resguardaba su dignidad.

La evidente falta de líderes capaces está socavando las bases de la Unión Europea. En España, el primer ministro Mariano Rajoy goza de una holgada mayoría parlamentaria; sin embargo, la protesta popular se manifiesta a diario en las plazas de todo el país.

Por su parte, Estados Unidos y Japón han optado por la vía del estímulo económico aplicando ingentes expansiones monetarias que ya muestran algunos buenos resultados. Europa ha emprendido el camino inverso: eliminar el déficit presupuestario a toda costa, mediante la drástica reducción del gasto público y el aumento de impuestos. Y pese a la evidencia de su fracaso, tal política permanece intacta.

Un estudio del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos considera que la participación estadounidense, europea y japonesa en la producción mundial descenderá del actual 56% a 26% en 2030. Estas proyecciones podrían adelantarse si, como es probable, se ahonda el deterioro de la UE. El tiempo obra en contra de Europa.

En el viejo continente, el sueño era muy diferente del sueño estadounidense de aspirar a escalar la cumbre del estatus económico-social mediante el esfuerzo individual, sin intromisión del Estado. Ahora, la austeridad está acabando con la red de protección social, crece el resentimiento en la ciudadanía y el sueño europeo se está desvaneciendo.

Aun así, el mundo no se detendrá a la espera de que Europa resuelva sus contradicciones.

 

* Abogada y notaria pública.