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Egipto no vive en paz. Desde hace tres años estásacudido por una ola sucesiva de golpes, sangrientos enfrentamientos, juicios políticos y violentas manifestaciones callejeras. La plaza Tahrir no duerme. Parece ser un bazar de protestas.

Después del derrocamiento --en julio pasado-- del Presidente Mohamed Morsi (líder de Hermandad Musulmana) y su posterior encarcelamiento, todo se puso peor. Y si es cierto que el Presidente Morsi tomó desacertadas medidas para radicalizar o islamizar a Egipto, su derrocamiento, lejos de traer soluciones satisfactorias para todos los egipcios, ha profundizado más el conflicto entre demócratas y malhechores.

¿Se convirtió este juego político, de repente, en un duelo a muerte de religiones? El establishment militar parece ser el dueño y rector --desafortunadamente—de las vidas de los desprotegidos egipcios.

Las protestas se han desbordado. El escenario político se convulsionó mucho más con la explosión de una bomba terrorista frente a una oficina policial de la ciudad de Mansoura. Resultado: 14 policías muertos y 150 heridos.

El grupo terrorista local AnsarBaid Al-Maqdis se hizo responsable del atentado. Consecuencia: el gobierno interino de El Cairo tildó de terroristas a los Hermanos Musulmanes. Ello lo anunció Hossam Eissa, el Vice Primer Ministro del gobierno egipcio. Esto desestabilizará los cimientos de las pirámides mismas.

Y claro que moralmente no me siento inclinado a justificar ninguna acción terrorista, venga de donde viniere. Pero el problema parece ser que los gobernantes militares egipcios no perciben, por el momento, los riesgos inminentes a los que se exponen al hacer tal declaración en un país, por varios años, fracturado y descompuesto. Veamos algunas consideraciones:

1) El 90% de los egipcios son musulmanes, y es poco probable que puedan desligar sus inquebrantables creencias religiosas de la decisión que les ha despojado del poder ---siendo solo el 10% cristianos coptos, armenios y católicos--- se sentirán perseguidos y deslegitimados. 2) La Hermandad Musulmana es una agrupación pan-arábiga que cuenta con millones de resueltos seguidores en muchos países islamistas (Es un alianza centrada en un Islam que lucha con igual vehemencia contra los no creyentes, al igual que los cristianos lo hicieren en la era de las Cruzadas). 3) Nadie en Egipto dudará que esta decisión esté desligada a los intereses ---o cuando menosla presión--- de Occidente; y es muy probable que el nuevo gobierno militar quiera congraciarse con EU, Gran Bretaña, Francia (¿O por qué no, Israel?).

4) Las reacciones de los radicales árabes y de los grupos terroristas como Al Qaeda, Hezbollah u otros grupos insurgentes será de solidaridad y acciones inmediatas con la Hermandad Musulmana. Ello conllevará, seguramente, a mayores acciones terroristas apoyadas por los creyentes de ese método irracional para atizar las diferencias políticas. 5) La existencia de regímenes islámicos en muchas naciones africanas, donde hay fuertes grupos rebeldesradicales a la deriva --¡que incluso ha suscitado la intervención militar francesa en un par de países!--, extiende el riesgo político y propicia una mayor inestabilidadcontinental, por ser un territorio político antioccidental y anticristiano.

6) Egipto es un país con una ubicación geográfica muy especial: a) a la entrada del África y con la península del Sinaí, enclavada en Asia; b) frente a las costas del Mediterráneo; c)en su territorio yace el canal de Suez, una de las rutas marítimas estratégicas más importantes del mundo; c) y lo más deplorable: se ubica adyacente al peligroso Medio Oriente, donde los conflictos --palestino-israelí,sirio, iraquí y afgano--, tienen en llamas esa zona del mundo, productora de casi la mitad del petróleo que consume Occidente.

¿Qué sucedería si estos conflictos se conectaran? La decisión del gobierno egipcio, a la luz de la legalidad, puede ser correcta. Pero a la luz de la política, es torpe, riesgosa, dañina. Porque en política no se arrincona a los opositores, sobre todo cuando son la mayoría. Hacerlo es propiciar los gérmenes de la propia autodestrucción.

El peligro yace en que la Hermandad Musulmana de Egipto, estando ahora en lista negra, tiene millones de integrantesy simpatizantes que se sentirán perseguidos dentro de su propio país; y que, siendo este un Estado líder del arabismo, encontrará quienes invoquen justificaciones para inculpar, desde afuera, a los cristianos coptos, a Israel, a Occidente. Sería una amenaza capital para la seguridad regional.

Esta decisión, lejos de resolver los conflictos políticos en Egipto, más bien exacerbará y profundizaráel ya dramático escenario político. ¿Están los egipcios al borde de una guerra civil?

 

elsufigalileo@yahoo.com