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En ocasión de las fiestas navideñas, los comercios intensificaron su propaganda: luces de diversos colores adornan los escaparates; regalos, comidas, juguetes… Se ve a la gente con ambiente festivo. La propaganda es aplicada a todos los niveles: comercial, deportivo, político y religioso. Cada vez que llegan estas fechas uno tiene la tentación de la nostalgia y de la mirada hacia atrás.

“Los Pastores se dijeron unos a otros: vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que sucedió, y que el Señor nos ha dado a conocer. Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en un pesebre” (Lc. 1, 15-16).

Con la Navidad llegan tantas cosas: llegan las cartas de los seres lejanos que amamos, llegan los regalos, llegan los familiares. Es noche de perdón. Los labios que no nos hablaban nos tornan a hablar. Los brazos que no nos estrechaban nos vuelven abrazar.

Pero en realidad, tengo la sensación de que la mayoría de las personas no han comprendido aún por qué quiso nacer en una cueva. El Señor nos quiso dar ejemplo de desprendimiento, lo deja claro. Porque Dios podía haber escogido lo mejor. Un palacio.

Este año no he encontrado una tarjeta navideña que me convenza para enviarte mi felicitación, amigo. Las tarjetas de Navidad, que algunos llaman Christmas, son cada día menos navideñas y más comerciales. Y si algo quisiera para ti en esta Navidad es regalarte mucha Navidad y poco comercio. Por eso no te envío este año tarjeta.

Hay muchas navidades. Tantas como queremos. Cada uno tiene la suya. La Navidad tiene que dejar de ser una mirada piadosa o un sentimiento religioso y espiritual, para convertirse en tiempo de oportunidad, de gozo compartido, de puerta abierta a la esperanza de todos.

Navidad es algo más… Navidad eres tú cuando apuestas por el mundo nuevo que no acaba de llegar; cuando miras en tus adentros y descubres allí la estrella que no te dejará tranquilo, nunca más hasta que seas justo; cuando descubres que tu vida no es tuya y te dispones a regalarla; cuando amas sin medida, sin condiciones, sin defensas, sin intereses; cuando ves a Dios que nace en el rostro del indigente, del inmigrante, del anciano, del enfermo, del vecino, del excluido, del condenado.

Navidad es noche de recuerdos, noche profunda de paz, amor; noche de Dios. El mesías se hace niño y nace pobre. La Navidad es el misterio de un Dios humanizado, hecho hombre, cercano y cariñoso. Se sienta a la mesa de la humanidad para comer y beber. Un Dios que se hace diálogo y apuesta por los diferentes, por los señalados, por los excluidos, por los pecadores, por los ateos.

“María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19). Como María, necesitamos también guardar el acontecimiento de la Navidad en nuestros adentros y meditarlo en nuestro corazón. Navidad es aún en conjunto de la humanidad, un tiempo folclórico y colorista que incita al consumo y a la fiesta.

Sin embargo, el tiempo de Adviento nos invita a mirar que algo está naciendo. “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”. “En Betania es hora de mirar hoy al Niño Jesús no en las imágenes bonitas de nuestros pesebres; hay que buscarlo entre los niños desnutridos que se han acostado esta noche sin tener que comer” (Mons. Óscar A. Romero).

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

 

* Licenciado en Comunicación Social, UCA.