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Si bien es cierto el presidente ruso ha sido muy cuidadoso y ha hecho énfasis en que la ayuda a Ucrania en estos momentos se debe a la solidaridad con un pueblo hermano por su grave situación económica, y a la falta de otros actores que puedan socorrerle ahora (lo que es real); lo que ocurre en Ucrania es uno de los sucesos que está dando forma paulatinamente a una nueva estructura sistémica internacional.

Como podemos observar, se pueden ubicar algunos centros de poder como EE.UU, Unión Europea y Rusia, autores principales en estos juegos geoestratégicos. Pero en el caso particular de Ucrania, su situación de inestabilidad interna es producto de muchas causas que han convergido en tiempo y forma, y que mucho dependen de cómo los autores involucrados en su dinámica interna se han preparado para avanzar en un juego que difícilmente puede aún concluir.

Llegó el momento de decidir si Ucrania será parte de la UE o no, pero la decisión del Gobierno ha sido contraria a la intención de aquellos ucranianos que residen en la parte occidental de Europa. Estos lograron articular manifestaciones de gran nivel, que podrían convertirse en una nueva Revolución Naranja, como las promovidas por los EE.UU. a través del financiamiento de ONG y grupos de liderazgo y democracia, capacitados en los EE.UU., que sirven de punta de lanza a sus actividades de intromisión extranjera en su política exterior a escala global.

La presencia del senador McCain y otras figuras occidentales que llegaron a dar apoyo a los protestantes ratifica lo anterior. Una oportunidad de oro para la OTAN, más que para una Unión Europea en paupérrimas condiciones económicas, que integraría otra carga enorme a su ya agravada situación.

Los deseos de la OTAN se han visto frustrados por la otra parte de la población oriental de Ucrania, que es pro-rusa, y más que el ucraniano hablan el ruso y ven a Rusia como el más lógico de los aliados. Además, para el pensamiento estratégico del Estado ruso, la presencia de tropas de la OTAN en Ucrania cambia drásticamente la correlación de fuerzas en el continente.

Aun cuando muchos arguyen la existencia actual de un periodo de paz, hasta el más novato en teorías de Relaciones Internacionales sabe que la paz es apenas relativa, y se usa para incrementar la fuerza a utilizar en la próxima guerra.

Mayor es la frustración para la UE y la OTAN, si agregamos que el proyecto estratégico de Vladimir Putin es restablecer la integración y unidad económica y política internacional de los espacios geográficos que antes constituían a la URSS, donde Ucrania, al igual que Bielorrusia y Kazajstán, ocupan un lugar preponderante. De ahí la propuesta rusa de otorgar un crédito de US$15,000 millones a pagarse “en bonos ucranianos” (una moneda tan débil) y el suministro de gas a un bajo costo.

Definitivamente, la UE y los EE.UU. se quedaron con la retórica libertaria, sin poder poner una mejor propuesta sobre la mesa de negociaciones, o una mejor jugada en el tablero de ajedrez donde se juega por el espacio de Ucrania: los US$175,000 millones que Rusia tiene en las reservas del Estado, más los US$515,000 millones en la reserva del Banco Central ruso.

Lo anterior no es nuevo. Ucrania siempre ha vivido dividida entre su población occidental y oriental. Hoy, Ucrania, por su difícil situación interna ve florecer al fascismo, y una gran parte de la población es pro polaca, más que pro occidental europea o pro rusa. Entonces, mucho menos que Rusia pueda ceder, pues en la historia rusa todas las invasiones de polacos, de Napoleón y de los alemanes, han entrado y pasado por este país.

Mientras Europa importa US$5,000 millones, actualmente Rusia importa US$17,000 millones de Ucrania. Para Europa, Rusia es un mercado importante, y los gobernantes actuales y los políticos no pueden solo basarse en la geopolítica de la cultura, muy dividida en Ucrania. Su mismo nombre lo indica: se traduce como “al borde”, por su posición geográfica entre Europa occidental y la Rusia Euro-Asiática.

 

* Msc. Presidente del Centro Regional de Estudios Internacionales.