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Hay muchos sentimientos e impresiones, opiniones e ideas, nostalgias e ilusiones sobre las actividades del mes de diciembre, con ser el último mes del año. En Nicaragua hay tres celebraciones religiosas: la Guadalupana, la Purísima y la Navidad, además de los festejos para recibir un nuevo año.

En la Navidad es posible advertir mucha influencia extraña, de origen pagano, cuya causa es nuestra debilidad cultural. Todas las religiones se constituyen a través de un proceso en el tiempo que toma del entorno aquello que les resulta apropiado. En nuestras fiestas religiosas, con sutil sincretismo, se manifiesta la devoción con oraciones y ritos que ponen de relieve las tradiciones del pueblo, aunque a veces teñidas por la manipulación que se hace con gente pobre, especialmente niños.

Aparte de los “nacimientos” y villancicos, buena parte de la actividad navideña y del afán de salir del año viejo para entrar al nuevo, con todo el jolgorio, los excesos y el derroche, es como si quisiéramos olvidarnos de los días próximos pasados, no siempre gratos, para entrar en un nuevo comienzo, como si fuéramos a renacer, iniciar una nueva vida; pero así sin más, como algo mágico. Los muchos planes y preparativos para pasar justamente unos festejos de Navidad y de Año Nuevo, auspiciados por la engañosa, costosa y alienante publicidad, que significan un enorme gasto de consumo irracional, ensombrecen lo que debieran ser precisamente estas fiestas.

Con pocas excepciones, no hay lugar para el recuento de nuestras acciones u omisiones; el recogimiento, la reflexión, el examen de conciencia, la definición de nuevos propósitos, el análisis de nuestras fortalezas y debilidades, el decirnos qué amenazas nos han afectado y qué oportunidades hemos desperdiciado, con el propósito de aprender y no repetir el pasado, sea a nivel de relaciones domésticas como de relaciones laborales o vecinales o cívicas. Y para hacer una evaluación tal no es necesario llevar una vida religiosa ni creer en seres alados.

Es cierto que las redes sociales se saturan de mensajes alusivos, pero qué son en realidad: más de lo mismo, expresiones impresas o copiadas, frases sin sentido, sin contenido, vacías y relamidas. Ciertas podrán ser sinceras, no lo niego. Es que lo que deseamos para otros o para nosotros mismos y nuestra familia no son propósitos sólidos, profundos, fuertes, nacidos de la convicción y la fe en nuestras capacidades y potencialidades.

Todo es superficial y trivial. En el subconsciente se lo dejamos todo a los poderes mágicos. Tenemos un rasgo de cultura mágica. De ahí que en solo arrancar el año caminamos cojeando, de arrastrada y hasta enfermos. Nos pesa el saldo de la tarjeta de crédito y la cuenta del casero; nos atormentan los desvelos y el exceso de comidas y bebidas, nos acusan los pleitos absurdos y los accidentes imprudentes que sucedieron; en fin, si el comienzo es un desastre, cómo será el resto de los doce meses por venir.

Como expresó alguien: “¿Por qué será que todo vuelve a oscurecerse? ¿Por qué las luces del amor y la esperanza se apagan? ¿Por qué nuestros buenos propósitos e intenciones van desapareciendo conforme pasan los meses? Hasta que llegamos otra vez a diciembre, a veces con las manos vacías… y el ciclo se repite...”.

Salimos de una breve realidad y como en un sueño entramos a otra que será difícil sortear con el lastre de los últimos días del año viejo. Salimos de un letargo atolondrado y despreocupado y de pronto nos asalta una pesadilla. Vivimos una vida sofocada por lo superficial, la frivolidad, el consumismo, los abalorios, y es que a partir de enero nuevamente iniciamos el ciclo, pasando a la competencia feroz de los comerciantes, a las mentiras infames de los políticos, al latrocinio cruel de los corruptos y a la explotación despiadada de los más necesitados. Y lo que es peor, no somos conscientes de tal desigualdad. La aceptamos. De poco han servido dos mil años de cristianismo.

Aquí mismo, en Bosque de Nejapa, reparto al que me refiero como comunidad: ¿Alguien ha notado algún gesto de acercamiento y confraternidad como expresión genuina del espíritu navideño? Yo casi siempre, al salir a caminar, me encuentro con gente arisca o huraña. ¿Será por timidez o por pedantería? Y eso que estamos en el mismo barco, que hemos pasado por situaciones conflictivas, que no hemos sido honestos con el pago de la vigilancia y el ornato, que hemos sido despojados y seguimos amenazados por la delincuencia, que se exige lo que no somos capaces de contribuir en nada o dar sin escatimar, que somos desordenados y enemigos de la limpieza y no respetamos las leyes en relación con los estacionamientos, el ruido y los desperdicios de materiales, etc.

¿Qué podrá presagiar que este año que empieza hoy sea diferente en Bosque de Nejapa? Eso dependerá de todos y cada uno de los residentes del reparto.

 

pjgomez@ibw.com.ni