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Ciudad encantada que hoy vistes de gala para embellecer a la Patria Grande de Sandino, permíteme alegrarte una vez más, cantándote con palabras, a tu sustancia de cuna y hogar. Ciudad milenaria, heroica, el paso de los siglos no ha podido derribarte pues tu pecho fungido guarda con celo la dignidad y la esperanza que, como anclas inmensas, han resistido las olas de la historia.

Solo nosotros, los que te amamos, podemos aún reconocer el fuego escondido que arde en tus viejos callejones. La noche arrullada por el murmullo de los pájaros, que en Miraflor, El Tisey, Las Pintadas, el Tomabú, te besan y guardan tus puertas como ciclópeas murallas que en la noche se ven repletas de luces titilantes, como un ejército de luciérnagas que marcan el sendero del caminante perdido hasta llegar a la liturgia de tus calles y tus plazas.

De la esteliana bonita que engalana tus plazas. Del caminar pausado de artistas, escritores y poetas. Del ímpetu del obrero que encarna el genio de la prosperidad y las alas abiertas con las que avanzas hacia el porvenir. Ciudad de rostros incontables, vivir sin conocerte es vivir sin el misterio de la tierra. ¡Del pueblo que cree no puede morir!

A ti no basta con amarte. Hay también que merecerte. Todo cuanto ocultas y cuanto irradias. Las plazas atiborradas de historia, tu música, tu arte, tu ímpetu de vanguardia y metrópoli.

Los estelianos nos sentimos orgullosos de formar parte de esta comunidad, orgullo que no se limita a palabras, sino a compromisos para preservar estas cualidades positivas que se manifiestan en el respeto generalizado a lo que denominamos buen nombre, al afán de mantener la imagen positiva dentro del país y a condenar actitudes individuales o de grupos menores que lo tergiversan o empañan.

Al conmemorar un año más de su fundación, está bien gozar de lo que consideremos glorias del pasado, gente con firmeza, arrojo y heroísmo. Alabanza en boca propia es vituperio, dice un aserto. Vale la pena, sin exageraciones, analizar la imagen que proyectamos a los de fuera. La numerosa presencia de extranjeros que hemos decidido escoger esta bella ciudad para pasar años dorados es un testimonio positivo, ya que los hechos son más elocuentes que las palabras.

Si tan solo supieras cuánto amo estas noches tranquilas de luna plateada. La canción lejana que se pierde en la distancia. Tú tampoco olvides estas noches, ni olvides estas palabras que explican lo que no pueden expresar. ¡Si con mis manos pudiera tomarte! Solo entonces, ciudad luminosa, este amor comprenderías.

Reconocida por la actitud hospitalaria y laboriosidad de sus habitantes, ostentas con orgullo y conciencia tu valía, el honroso título de “Diamante de Las Segovias”, verdadero imán que atrae a miles de nicaragüenses y extranjeros ansiosos de extasiarse con el calor hospitalario de su gente. Distinción que obliga a autoridades y ciudadanos a preservarla con obras y servicios a la altura de las exigencias urbanísticas y actuar creativamente para superar sus problemas, en especial los relacionados con la creciente incursión de automotores y desordenado comercio informal del centro histórico. 

Es hora de partir tocando con mis manos tu piel noble y sempiterna; no te podré olvidar en cada paso que camine por las cordilleras andinas; al final solo quedan elocuentes recuerdos de quienes me acogieron. Gracias, infinitas gracias, ¡mi lindo Estelí!

 

* Periodista.