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Sin lugar a dudas “Pancho Madrigal” ha sido, por décadas, uno de los programas de radio más escuchados en Nicaragua. Su autor imaginó un pueblo, “El Galope”, donde ubicó a los protagonistas y a un personaje que narra y estructura los famosos cuentos de “tierra adentro”.

Mentalmente he visitado “El Galope”, pero las visitas que realicé antes fueron de carácter turístico; ahora que fui de nuevo decidí ser más analítico. A continuación narro algunas cosas a las que primeramente no les tomé importancia:

Para empezar diré que en “El Galope” siempre se utiliza el golpe sonoro del riel para anunciar el tiempo. Acción innecesaria si se toma en cuenta el rebuznar de los burros que pastan en la plaza desde hace añales y que, según los lugareños, son más exactos que el fierro en eso de dar la hora.

Otra cosa, en “El Galope” todavía no hay luz eléctrica ni agua potable, a pesar de las promesas de innumerables candidatos que luego fueron alcaldes del pueblo.

En el orden social pude apreciar que la juventud galopeña representada por “Aniceto Prieto” y “Carelara”, entre otros, es un sector en riesgo que bien necesitaría atención preventiva por parte de Seguridad Ciudadana y algunas ONG. La pandilla “El Galope” está compuesta por jóvenes capaces de cualquier bandidencia para conseguir algún dinero y echarse una media de guaro en la cantina de la “Gerardona.”

El noviazgo entre parejas jóvenes lo representan la Lupita y de nuevo Aniceto. Ambos “jalan” desde hace años, pero nunca se casaron. Esto porque el novio jamás consiguió empleo, ni la suegra ha permitido que su hija se case con un “indio” vago.

Por lo que vi, los delitos son menores en “El Galope”, y se resuelven de manera práctica. Basta con que la víctima reclame su gallina y el “Raso Guandique” eche preso al señalado y lo condenen en un dos por tres, sin que medie proceso judicial.

Don Pancracio Prieto sigue siendo el autodidacta del pueblo. Él conoce de historia, gramática, poesía, agricultura, caza, negocios, etc. y no lo engañan los espantos que salen en los cuentos, asustando a los “pirucas” en las noches solitarias.

Me es confuso saber de qué vive la gente en este lugar, pues don Pancracio y doña Tula, su hermana, no lo aclaran en los cuentos, pero yo concluyo que viven de milagro. A pesar de ello siempre hay frijolitos en casa y las “cinco bolitas” no fallan, para Aniceto.

Fijándome encontré que “Pancho Madrigal” es más que un programa radial, pues en el fondo caracteriza la idea que tiene el autor de la sociedad nicaragüense, su gente y su modo de ser. En este sentido los cuentos dejan la imagen de un nicaragüense dicharachero, haragán y mentiroso, a la medida del pícaro en la novela española.

Finalmente noté que “El Galope” es el mismo de hace medio siglo. Nunca cambió, pues el escenario ideado posee el mínimo potencial. Ni creo que cambie, aunque don “Fabio Gadella” tenga para sí el poder de su pluma… y de su tintero.

 

gustadol52@hotmail.com