Clemente Guido Martínez *
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Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, fue el primer Arzobispo de la Arquidiócesis de Managua y fue también el único Obispo que ocupó un asiento en la Cámara de Diputados de Nicaragua; Presidió la Comisión de Gobernación, Justicia y Policía, de esta Cámara; y Presidió el  Congreso Nacional durante la IV Legislatura entre el 15 de Diciembre de 1915 y el 26 de Enero de 1916.

El hecho hay que comprenderlo dentro de la dinámica política resultante del derrocamiento de la Revolución Liberal en 1909 con la renuncia del dictador José Santos Zelaya. La oposición de la Iglesia Católica a la Revolución Liberal fue abierta, en reacción a la Constitución Política Liberal de 1894 que declaraba al Estado Laico, no confesional y eliminaba privilegios otorgados por el Conservatismo a la Iglesia Católica.

La oposición de la Iglesia se agudizó en el año 1904, cuando Zelaya nombró a un Ministro de Gobernación anticlerical, el doctor Adolfo Altamirano. El clero protestaba por las políticas liberales de Zelaya, a lo que el Ministro de Gobernación recién nombrado actuó reprimiendo a la Iglesia, prohibiendo la entrada al país de órdenes  religiosas, las manifestaciones religiosas quedaban obligadas a realizarse sólo dentro de los templos; los sacerdotes y religiosos no podían usar traje talar  fuera de los templos. El clero protestó y fue reprimido en las calles.

Ante esta situación el Obispo Simeón Pereira y Castellón, último Obispo de la Diócesis de Nicaragua, excomulgó al presidente Zelaya. En respuesta, Zelaya expulsó de Nicaragua al Obispo Pereira y Castellón, junto con todos los sacerdotes que lo apoyaron en su protesta. Estos hechos sucedieron en 1904. Uno de los pocos Sacerdotes que se salvó de la expulsión fue Monseñor Lezcano.

Al renunciar José Santos Zelaya en 1909, y resultar victoriosa la Contrarrevolución Conservadora-Liberal, recordemos que Zelaya se había ganado enemigos dentro de su propio Partido, la Iglesia Católica volvió a recuperar su espacio político, pero no todas las reformas Zelayistas fueron abolidas. Hubo cambios en la relación Estado-Iglesia que perduraron aún después, bajo la bandera del Conservatismo. Un caso ejemplar fue el Matrimonio Civil como preeminente y autónomo sobre el Matrimonio Religioso. Y esta es la causa por la que Monseñor Lezcano entró a “jugar” en la Cámara de Diputados.

La Corte Suprema de Justicia, introdujo a la Cámara de Diputados, una iniciativa de Ley de Reforma del Código Civil, por medio del cual los sectores más conservadores pretendían darle un revés al laicismo de la Institución matrimonial, obligando el matrimonio eclesiástico previo al civil para su validez, y anulando también la preeminencia y autonomía del matrimonio civil sobre el eclesiástico. Todo indica que los Magistrados de la CSJ estaban de acuerdo con la Iglesia para la Reforma.
Lo sorprendente fue que la Comisión que recibió el anteproyecto de Ley, dictaminó en contra del mismo, recomendando su no aprobación. Esto obligó a Monseñor Lezcano, a redactar su propio dictamen de minoría, que presentó al pleno de la Cámara de Diputados, para revertir la recomendación de la Comisión. Leamos algunas argumentaciones de las históricas sesiones del 20 y 21 de Enero de 1916, registradas en Las Gacetas No. 18 y 22,  del 24 y 28 de Enero de 1916.
 
“El diputado Mons. Lezcano y Ortega, por medio de una brillante alocución, puso de manifestó las conveniencias que para el gremio católico en general entraña el proyecto de la honorable Corte Suprema de Justicia; señaló los perjuicios que el matrimonio civil ha ocasionado a la sociedad tanto en el orden dogmático como en la vida doméstica. Yo, dice, como Jefe de la Grey Católica Nicaragüense, no puedo menos que defender toda ley que tiende a favorecer nuestros intereses, porque esto contribuye al mismo tiempo al afianzamiento de la familia, base de toda sociedad bien organizada”.

“El diputado (Octavio) Salinas manifestó que sentía no estar de acuerdo con el diputado Monseñor Lezcano, con quien le ligaban muchos y sinceros vínculos de afecto, pues desgraciadamente ambos se encontraban en diferente situación: Monseñor Lezcano jefe de la Iglesia, defendiendo los intereses de ésta, y él, como diputado declarando la inconstitucionalidad de una ley. Después leyó un largo y luminoso discurso por el que señaló los inconvenientes del proyecto presentado por la Corte, el cual está en pugna con el artículo 5to. De la Constitución (de 1911), que prohíbe dar leyes que restrinjan o proteja determinados cultos”.

Otro diputado Conservador, del ala radical, expuso duras críticas a sus correligionarios: “El Diputado Zepeda  después de exponer sus sentimientos religiosos, invocó brillante y elocuentemente los principios del Partido Conservador. No sé cómo, dice, algunos representantes que manifiestan ser católicos vienen a contradecir sus principios combatiendo un proyecto que favorece los intereses de la religión a que pertenecen. Para mí un Partido Político que se asusta de sus propias doctrinas, debe abdicar de las prerrogativas de que goza”.

Más que un debate sobre el Matrimonio Civil, lo que se debatió fue el retorno al Estado Confesional y para sorpresa de la historia, las posiciones liberales triunfaron en una Cámara de Diputados dominada por los Conservadores. La Gaceta lo certifica: “21 votos a favor del dictamen de mayoría que rechaza el proyecto y 20 votos en contra del dictamen de mayoría”. ¡Por un voto perdió Monseñor Lezcano la batalla!.

Tras su revés en la Cámara de Diputados: “El diputado Monseñor Lezcano y Ortega rindió las más expresivas gracias a los representantes de las Cámaras por las amables deferencias que con él han tenido (), y pide  en atención a sus múltiples quehaceres como jefe de la Iglesia, permiso indefinido para no seguir concurriendo a las sesiones”. Después de algunos elogios para el Obispo, fue sometido a votación el  permiso solicitado por el diputado Monseñor Lezcano y Ortega, se aprobó, el 26 de Enero de 1916.

*Historiador.