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La crisis financiera (2008) mostró que la codicia motivó a muchos altos funcionarios de renombradas entidades bancarias a asumir elevados riesgos a fin de obtener mayores utilidades para sus empresas y lograr jugosas bonificaciones para sí mismos, y también les motivó a desechar toda práctica bancaria sana, no vacilando en realizar operaciones fraudulentas con tal de lograr sus propósitos.

Los fraudes por mala praxis bancaria y empresarial generalmente se sanjan con multas que, lamentablemente, muchas empresas estadounidenses consideran parte de los costes “normales” de su actividad empresarial. Pero esta forma cínica de hacer negocios viene cambiando, ya que los fiscales están usando técnicas propias de la lucha contra el crimen organizado en la persecución de los “delitos de cuello blanco”, que les han permitido enjuiciar a los responsables directos y lograr penas de prisión.

Entre los numerosos fraudes bancarios hemos seleccionado dos de los más recientes y conspicuos. Primero está el caso de la manipulación fraudulenta de las tasas de interés de referencia internacional cometida por seis entidades bancarias reconocidas mundialmente, a quienes la Comisión Europea aplicó recientemente una multa total de 1,700 millones de euros.

Los bancos de este cártel son: Deustch Bank, Societé Génerale, Royal Bank of Scotland, las estadounidenses JPMorgan y Citigroup, y la firma británica de corretaje RP Martin. El banco británico Barclays y el suizo UBS se libraron de ser multados, porque informaron a las autoridades antimonopolio de Bruselas de la manipulación bancaria.

Para realizar el fraude, los bancos pactaron “fijar” los valores de las tasas de interés interbancarias en Londres (Libor), es decir el valor al que se prestan dinero los bancos entre sí. Las prácticas fraudulentas afectaron al índice Libor británico, al Euribor, que se utiliza en la eurozona, y al japonés Tibor. Estos índices de referencia son la base sobre la que se realizan negocios financieros de cientos de billones de dólares, y muchos créditos se rigen por ellos. Las autoridades ahora están abocadas a la tarea de cambiar el sistema para evitar futuras manipulaciones.

El segundo caso de fraude bancario es el de JPMorgan, por denuncias presentadas por el Gobierno de EE.UU. para proteger a los usuarios estafados durante los años de la burbuja inmobilaria. JPMorgan vendió a los inversores productos financieros relacionados con las “hipotecas basura” sin advertirles del riesgo que asumían al comprarlos. También incluye una denuncia sobre los créditos “malos” que JPMorgan vendió a los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac.

El Gobierno de EE.UU. impuso a JPMorgan una multa récord de 13,000 millones de dólares, que representa más de la mitad de los beneficios del banco (21,300 millones de dólares, en 2012). Una tercera parte de esta suma servirá para compensar a los afectados. Pero el pago de las multas no exime a los funcionarios enjuiciados de afrontar un fallo judicial que podría llevarlos a la cárcel.

También cometen “fraude” los bancos que, actuando como un cártel financiero, fijan las tasas de interés activas y pasivas que aplican a los usuarios, evitando el libre juego de oferta y demanda e impidiendo el desarrollo de una sana competencia. Las acciones correctivas en estos casos dependen del marco jurídico del país afectado y de la autoridad efectiva (no cosmética) del ente regulador.

 

* Economista, MBA.