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Como efecto de la publicidad, el consumo extranjerizante de las hojuelas de maíz es de elevado prestigio social, y nuestro pinolillo, valorado como un alimento para pobres. Veintidós de los cereales del mercado, especialmente Kellog’s y Nestlé, son de maíz transgénico. El maíz transgénico, fumigado con glifosato que elimina las malezas, contiene 19 veces más glifosato de lo permitido en el agua potable en EE.UU., y 200 veces más formaldehido.

El glifosato es un quelante que impide a la planta la absorción de ciertos minerales y la empobrece. El maíz natural es veinte veces más rico en nutrientes, calorías y proteínas; es 46 veces más rico en magnesio y doce veces más rico en calcio que el intoxicado y empobrecido maíz transgénico. Según el Dr. Thierry Vrain, las proteínas de las plantas transgénicas son distintas a las naturales. Siendo natural, el maíz del pinolillo es nutricionalmente superior al del corn flakes.

La toxina Bt, asesina de insectos, está presente en el maíz transgénico, sobrevive a la digestión humana y, de acuerdo con un estudio del 2012, agujerea nuestras células. Según informe del Institute for Responsible Technology, altera la flora, paredes intestinales y la función inmunológica. Expertos sospechan que el aumento de los trastornos relacionados con el gluten en EE.UU. se debe al maíz transgénico. Ratas alimentadas toda su vida con maíz transgénico pusieron en evidencia el daño crónico a la salud, desarrollando tumores (http://gmoseralini.org/es/). No así con el maíz natural.

Países como Rusia y China cerraron sus puertas al maíz transgénico. México prohibió siembra y comercialización del mismo. En cuanto a los publicitados para la niñez, según investigación de Consumers International sobre trece variedades de cereales Kellog’s y Nestlé, estos contenían elevadísimos niveles de azúcar. La mayoría con más de 25% de azúcar añadida, algunos con nivel superior a 40% y uno con 55%. Concluyeron que: “Mediante la promoción dirigida a la niñez de productos con alto contenido de sal y azúcar, las compañías están estableciendo patrones de consumo que propician la pandemia de obesidad”.

El cacao del pinolillo, procesado artesanalmente o semi-industrial, no sufre grandes pérdidas en su composición, como sucede en la industria chocolatera. El pinolillo es un cereal enriquecido con micronutrientes y antioxidantes del cacao. El cacao aporta cinco vitaminas, incluyendo vitamina E, y cuatro minerales, incluyendo selenio. Vitamina E más selenio actúan como antioxidantes de las membranas celulares. Investigaciones científicas concluyen que el cacao es una medicina natural preventiva y sanadora de las enfermedades cardiovasculares.

La proporción tradicional del pinolillo es de una libra de cacao por cada cinco libras de maíz, o sea 16.6% de cacao puro. Por tanto, treinta gramos de pinolillo contienen cinco gramos de cacao. El costo de cuatrocientos gramos del corn flakes es tres veces mayor que el del pinolillo en igual peso. La etiqueta recomienda una porción de treinta gramos de corn flakes (una taza), que aporta menos energía y menos proteínas que la porción de treinta gramos de pinolillo seco (cuatro cucharadas soperas), que contienen grasa natural y cuatro veces más fibra que el corn flakes. El pinolillo aporta mayor cantidad de macronutrientes, teniendo 1/3 del volumen y a 1/3 del precio.

Adquiriendo y fomentando prácticas alimentarias insanas entre las nuevas generaciones, seguimos sustituyendo el oro por espejitos brillantes. Los “hijos del maíz y del cacao” deberíamos sentirnos orgullosos de enriquecer con pinolillo la leche para nuestra niñez y adolescentes, sin los potenciales riesgos del corn flakes.

 

* Pediatra, Máster en Nutrición y Seguridad Alimentaria.

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