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El último informe de las Naciones Unidas sobre el conflicto en Siria es pavoroso. Hasta hoy, han muerto unos 133 mil sirios en la guerra; de ellos, 66 mil son civiles.

Meses atrás nos alegrábamos con el acuerdo diplomático de Rusia, EU y la Unión Europea que ha propiciado una entrega paulatina del armamento químico de Bashar al-Assad, para su destrucción, siguiendo un plan de la ONU.

Ciertamente, eso estaba bien porque evitaba lo que pudo haber sido una conflagración mayor, si EUA y Francia se hubieren involucrado.

Pero después del acuerdo, los rebeldes que luchan contra el régimen opresivo de Damasco quedaron desamparados, salvo por algunas iniciativas de Arabia Saudí y un par de países árabes pro-occidentales. Más, en peor situación quedaron los ciudadanos sirios atrapados entre combates y los que debieron huir a países vecinos: Turquía, Jordania, Líbano, Egipto, e Irán. Esos refugiados pasan hoy un invierno frío lejos de su tierra y con pocas esperanzas de regresar a su país.

Por su parte, el inclemente mandatario Al-Assad luce muy confiado bajo el alero anchuroso y protector que el Tío Igor le ha brindado. Ahora sobrevive y ora postrado hacia el Kremlin.

Rusia hizo prevalecer su posición diplomática. Moscú bien sabe que Damasco es un protectorado en su esfera de influencia. Mientras que en Occidente discuten la manera de canalizar, por medio de ACNUR, la ayuda humanitaria para los sirios perseguidos o desterrados.

Pero aparte de ello, ¿quién aboga por los derechos de los civiles afectados del conflicto?, ¿cuándo se harán efectivas las Convenciones de Ginebra y se proteja verdaderamente las vidas y seguridad de los pueblos atrapados en guerras?

Las justificaciones de Washington para intervenir en muchos países han sido que lo hace “para salvaguardar las vidas y propiedades de sus ciudadanos” (léase: sus intereses en la región). Francia ha hecho lo mismo recientemente en Mali, la República Centroafricana. Rusia hace igual en Siria. ¿Es convincente este argumento?, ¿es solo una justificación política sin fortaleza ética, de las superpotencias?, ¿no deberían importar más las razones humanitarias a favor de los civiles: desplazados, heridos, mujeres, niños, ancianos?

Es cierto que ACNUR cumple con ese mandato de protección a los refugiados. Pero, ¿por qué no es prioridad en las negociaciones internacionales?

Bueno, ese es el mundo en el que vivimos y no se puede cambiar… Dirían los cómodos creyentes de la perspectiva de la realpolitik. Y después que Al-Assad entregue las armas, ¿qué va a suceder en Siria: los exiliados, la economía, los combatientes o el mismo Bashar?

Lograr el desarme químico no pone fin al conflicto, mucho menos al derramamiento de sangre. Hace cinco meses había 100 mil muertos contabilizados. Esa cifra ya creció en un 33%. ¿No es suficiente causa para alarmarse?, ¿debemos esperar un milagro, confiando en una propuesta humanitaria del canciller ruso Lebrov? O, ¿debemos esperar que los sirios se exterminen entre sí?

El conflicto sirio ya alcanzó el punto de saturación. Hoy día hay amenazas a la seguridad regional. Incluso, por momentos se pensó que todo pudo escalar cuando Turquía e Israel se vieron perturbados por las transgresiones sirias. Pero la sensatez prevaleció. No pasó a más. Todo se redujo al desplazamiento de tropas y amagos de combate.

Pero, por el hecho de que no se desembocara en combates fronterizos de gran escala, ¿hay garantías de que no sucederá mañana o mucho después? La amenaza de guerra regional sigue latente en el peligroso Medio Oriente (¡La zona más conflictiva del mundo!).

La historia de la diplomacia multilateral registra que cuando surge un conflicto, se envían misiones de paz (fuerzas-diques para evitar que los conflictos escalen). Los expertos de la ONU pueden argüir que, muy al contrario del drama inicial, los eventos, al final amainan. Pero el hecho de que un conflicto disminuya, no asegura su desaparición. Esa es una tendencia, pero no una ley matemática. (Ver casos de Sudán, Líbano, Palestina).

La preocupación principal en Siria es para que no sigan muriendo más personas, sin posibilidad de auxilio internacional. La diplomacia humanitaria debería tener primacía aun por encima de las agendas estratégicas de las potencias. Se debe proteger ineludiblemente a los vulnerables: desplazados, niños, huérfanos, mujeres, ancianos, lisiados, amputados, o civiles no subscritos a bandos bélicos.

Urge priorizar la diplomacia humanitaria. Si no, los civiles seremos despojos en manos de dictadores, bajo la mirada calculadora e imperturbable de las potencias. El imperativo moral en todo conflicto es preservar, de cualquier peligro, a los seres humanos.

 

elsufigalileo@yahoo.com