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Cruz Roja nicaragüense reportó una persona muerta en accidente de tránsito y tres personas ahogadas en lo que va del inicio de año. El año anterior cerró con cifras que sobrepasaron los tres dígitos. La pregunta que muchos omiten hacerse, y que pocos meditan con impotencia, es cuál es la causa de tantos accidentes, tragedias, crímenes de violencia y lamentables sucesos.

Los problemas de nuestra sociedad tienen su origen en elementos propios de nuestra cotidianeidad. Una educación de poca calidad práctica y estrecha visión futurista, que relaciona limitadamente los valores con evaluaciones empíricas que no calan en la conciencia de los educandos. Un interés extremo por el reconocimiento de los procesos de cambio político y económico, que deja en segundo plano el seguimiento de los comportamientos sociales de los núcleos familiares.

Ciudadanos con poco criterio enfocado al desarrollo equitativo y excesiva empatía con la violencia, el eufemismo ante la realidad de la pobreza, el pragmatismo resignado y las diferencias por la supremacía titular; que dirigen la pérdida de un sentido de pertenencia a una comunidad, a una familia, a una nación.

La influencia negativa de los medios de comunicación televisivos, radiales y escritos se empecina en el decrecimiento del conocimiento y cultura general en la población, que día a día se enfrasca en un círculo vicioso donde los perjudicados son el plato fuerte de la nota amarillista y violatoria de los derechos humanos.

Es común compartir en familia la tragedia del prójimo, como si se hubiese comprado el derecho a una función de circo, complementada con la interpretación sexista y barata de jóvenes periodistas que lucen marcas comerciales en lugar de su capacidad para transmitir información relevante e integralmente formadora de una sociedad justa, ética y luchadora.

El prototipo desvirtuado de libertad es el mayor de los factores generadores de muerte, desigualdad y deterioro de la sociedad nicaragüense, que es frágil, manipulable, voluble y conformista. Todos pretenden tener la razón sobre los modelos o estilos de vida que se deben aplicar, aceptando como inherentes el abuso del alcohol, las palabras obscenas para la crianza de los hijos, las riñas por la defensa de partidos políticos que no velan por intereses comunes, sino por particulares; la suscripción a hedónicos servicios que dividen las familias, que ven afectadas desde la inserción de vocablos, comportamientos y mercancías de un mundo globalizado y refrigerante de las capacidades mentales.

Es absurdo considerar que una persona muerta, o una menos que en años anteriores, indique una mejoría en las estadísticas, si esto representa aún dolor. Mientras no exista un verdadero cambio social que esté en contra de la cultura de muerte, instaurada, cultivada y aceptada actualmente, Nicaragua no será capaz de mostrarse fraterna, segura, limpia, democrática y libre de delitos.

El primer pilar de cambio que puede agregar valor es el compromiso de los periodistas por luchar ante la masificación de basura que sigue empobreciendo intelectualmente a los ciudadanos; un llamado a cada agente de cambio que esté dispuesto a ser la voz de los más pobres; no por lástima, no por obtener mérito (ya hay muchos burócratas que detrás de su compromiso desean ser alabados por creerse más que sus propios colegas), no porque lo manda una religión, no porque alivie la conciencia pública y privada, sino porque será lo mejor para todos y para las generaciones futuras.

Feliz año nuevo para lograr el verdadero cambio.

 

* Ingeniero industrial, UCA.

ravm5492@gmail.com

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