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Descreo de eso que algunas personas llaman destino, afirmando que el guión de nuestras vidas viene escrito de antemano. Una especie de fatalidad que debemos cargar y aunque hagamos hasta lo imposible por eludirla no podremos escapar a sus designios. Los hechos se han encargado de enseñarme lo contrario. Las contingencias, el azar y los condicionantes histórico-políticos inciden siempre en el rumbo de la vida. Cada ser humano es producto de sus circunstancias. Carlos Fernando Chamorro no escogió el camino del periodismo. Las circunstancias históricas se lo impusieron. El asesinato de su padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el más alto exponente del periodismo nicaragüense durante el siglo veinte, gravitó sobre su vida de una manera determinante.

Carlos Fernando primero quiso ser abogado. El asesinato de Salvador Allende y el ascenso del fascismo en Chile (septiembre, 1973) le permitieron rectificar. Se percató que los estudios de economía eran los que más le atraían. En ese momento de redefiniciones me lo encontré en las aulas de la Universidad Centroamericana. Mientras él ingresaba al año básico, yo concluía mis estudios de derecho. En 1974 se marchó al Canadá, con el firme propósito de aprender las claves para mejorar el mundo. Después de un semestre en la Universidad de Loyola ingresó a la Universidad de Mc Gill. Estudiante distinguido se graduó con honores. En agosto de 1977 estaba de vuelta en Nicaragua. Todavía recuerdo la cena familiar que sus padres le ofrecieron de bienvenida. Esa noche el doctor Chamorro bromeó sobre la formación de izquierda de su hijo menor.

Dispuesto a refrendar lo bien que había asimilado su formación económica, un mes después comenzó a trabajar en el Centro de Investigaciones y Asesorías Socioeconómicas (Cinasi). Con empeño se dedicó a estudiar el funcionamiento de los mercados de granos básicos en Matagalpa y a brindar sus contribuciones al análisis que hizo Mario de Franco sobre la estructura económica de Nicaragua. Expandía su visión y se abría campo en el ámbito de una disciplina necesaria para radiografiar los tumores malignos encubiertos en el funcionamiento de la economía nicaragüense. A finales de febrero de 1978, Pablo Antonio Cuadra y Xavier Chamorro Cardenal lo sedujeron.

Marcado por la muerte de su progenitor, aceptó la invitación de ingresar a La Prensa. El bautismo de fuego, lo recibió de Luis Hernández Bustamante, el lazarillo encargado de abrirle las puertas de las fuentes económicas del gobierno. Danilo Aguirre Solís le asignó el Ministerio de Economía y el Banco Central de Nicaragua. Desde entonces Copalar se proyecta como una sombra ominosa en el horizonte nacional. Era el megaproyecto predilecto del gobierno presidido por el General Anastasio Somoza Debayle. Los funcionarios públicos que no compartían la voracidad de sus jefes, eran los encargados de revelar a La Prensa los desmanes de los todopoderosos. Las filtraciones acerca de las altas comisiones pedidas a cambio de favorecer determinados préstamos, eran el pan nuestro de todos los días.

A través del ejercicio periodístico Carlos Fernando comprobaba que las denuncias realizadas por La Prensa, las famosas inverosímiles como calificaba su padre a los latrocinios somocistas, eran una política de Estado. La gula de la camarilla gobernante era insaciable. La descomposición y sujeción de todos los Poderes a los mandatos del dictador, facilitaba todo tipo de tropelías maquilladas con un ligero barniz de legalidad. Convencido de la enorme verdad que encierra la tesis marxista, de que no basta con interpretar el mundo, lo importante es cambiarlo, para esos mismos días Carlos Fernando estableció sus primeros nexos con el sandinismo. Julio López Campos y Orlando Núñez Soto fueron sus primeros contactos. La revista Pensamiento Crítico ofrecía nuevos enfoques sobre la realidad nacional. Carlos Fernando no sólo escribía para el diario La Prensa, también lo hacía en un medio de comunicación sandinista.

Igual que su padre, Carlos Fernando Chamorro se jugó el pellejo, integrándose a las células clandestinas del FSLN. Sus responsables eran José García y Eva Téller. Luego estuvo bajo la dirección de Chico Meza, ese dirigente estudiantil que concitaba respeto por su ejemplaridad militante. Antes de integrarse a la ofensiva final, en junio de 1979, sostuvimos una de esas pláticas que todavía no concluyen. Carlos Fernando me confió que sus trincheras de combate estaban El Open 3. Adolfo Aguirre fue el jefe del destacamento militar y Adilia Eva Solís la responsable política. Desarticulados por la embestida de la Guardia Nacional, buscaron refugio en la comunidad jesuita del Open 3. La casa de seguridad fue allanada. Estando en Satélite Asososca recibió la orden de replegarse a Masaya. El joven periodista asumía plenamente la responsabilidad que le asistía en la lucha por la liberación de Nicaragua.

En Masaya se recontactó con los periodistas Xavier Reyes, Freddy Rostrán, David Gutiérrez y Roberto González, miembros del equipo de prensa a quienes atendía como parte de su trabajo revolucionario. El 25 de julio el Frente Interno de Managua convocó a todas las personas vinculadas con el periodismo. Sabedor de que la camisa estaba hecha a su medida, acudió al llamado. Junto a él asistieron Manuel Eugarrios, Roberto Sánchez Ramírez y Eduardo Hollman. Tuvo el privilegio de ser fundador del diario Barricada, órgano oficial del FSLN. La primera edición del periódico la dirigió Danilo Aguirre Solís, aventajado maestro del periodismo nicaragüense. En el Ministerio de Cultura, el primero y único en la historia nacional, Carlos Fernando ocupó el cargo de Viceministro. Luis Fernando Guzmán fue designado como responsable político de Barricada.

A los tres meses era enviado como director de Barricada. Asumía una de las responsabilidades ideológicas más trascendentales. La revolución sandinista abría un nuevo paréntesis en la historia del periodismo nicaragüense. Una nueva generación de periodistas hacía escala en un medio de comunicación que otorgaba voz a los postergados de toda una vida. La izquierda jamás encontró en Nicaragua espacio y sosiego para crear sus propios medios y manifestarse libremente. Para aprovechar su veteranía, Nacho Briones fue escogido como editor principal del periódico. Danilo regresó a La Prensa. Junto a Carlos Fernando quedaron Xavier Reyes, María Alicia Talavera, Oswaldo Zúñiga, Sofía Montenegro, Margarita Montealegre y William Fonseca Moya, entre otros.

Carlos Fernando conformó un equipo sólido. El caricaturista Róger Sánchez alzó vuelo y desplegó su ingenio. En primera fila estaban Marcio Vargas, Edgard Tijerino, Alberto Reyes, Pablo Emilio Barreto, Arqueles Morales, quien les trasmitía experiencia; Mónica Zalaquet, Guillermo Cortés Domínguez, Sergio de Castro, Juan José Lacayo y Onofre Guevara, a quien asignaron la responsabilidad de la página de opinión. La mañana del dieciséis de agosto de 1984 Carlos Fernando fue nombrado responsable del Departamento de Agitación y Propaganda (DAP). Nunca perdió su condición de director de Barricada. Xavier Reyes pasó a ocupar la dirección ejecutiva. Meses antes Carlos Fernando había asistido a México como panelista. La directora del periódico El Día, la senadora del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Socorro Díaz, lo invitó a disertar en el acto de conmemoración de fundación del periódico. Yo me encontraba en Ciudad México, concluyendo mis estudios de maestría en sociología de la comunicación.

Aunque el Comandante Tomás Borge me había asegurado un puesto en su equipo de asesoría, ya había madurado la idea de la creación del Centro de Investigación de la Comunicación (Cinco). Aproveché la estadía de Carlos Fernando para plantearle la necesidad de contar en Nicaragua con una institución que se encargara de realizar análisis, estudios e investigaciones en comunicación. Compartió la tesis de que la comunicación es un concepto omniabarcante. Sólo puede entenderse vinculada con el tema de la cultura, el desarrollo y la democracia. Junto con Bosco Parrales, Xavier Reyes, Sergio de Castro y Sofía Montenegro dimos vida a esta iniciativa. La primera investigación que publicó Cinco fue el libro “Los medios y la política en Nicaragua”, que escribí conjuntamente con Carlos Fernando en 1995. Carlos Fernando y Sofía se encargarían de colocar a Cinco como un referente nacional.

Ante la derrota electoral del sandinismo era un anacronismo mantener a Barricada como un medio de propaganda y agitación. No podía continuar manteniendo la misma línea informativa y editorial. El 30 de enero de 1991 Barricada amaneció vistiendo un nuevo traje, con el propósito de irradiar su discurso a los más amplios sectores y romper con la camisa de fuerza que le imponía su sesgo propagandístico. En Nicaragua ya no se podía continuar haciendo un periodismo oficialista. Nuevos tiempos reclamaban nuevas formas de entender, plantear y resolver los problemas. La vieja dirigencia del partido, contraria a los cambios introducidos en el periódico, apartó bruscamente a Carlos Fernando Chamorro como director de Barricada el 23 de octubre de 1994, abortando de esta manera las transformaciones encaminadas a oxigenarle.

En junio de 1995 Carlos Fernando Chamorro, heredero y continuador del legado de su padre, irrumpió en Canal 2 con la revista Esta Semana, uno de sus más valiosos aportes al profesionalismo y modernización del periodismo nicaragüense. Apertura e inicio del periodismo investigativo en Nicaragua. Después fundaría el Semanario Confidencial, (Junio. 1996), el programa radial Onda Local (agosto, 2000) en La Primerísima y Esta Noche (junio, 2006) en Canal 8.

Ajeno a la diatriba y a la descalificación, los medios bajo su dirección alientan el pluralismo, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana. Con el ingreso de Carlos Fernando Chamorro al periodismo, todos salimos ganando. No me aventuro a especular si hubiese sido un gran economista. De lo que estoy seguro es que el martirio de su padre motivó su ingreso definitivo al mejor oficio del mundo.