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La pregunta es si es viable políticamente la sustitución del vigente tutelaje FMI, y la construcción progresiva de un modelo alternativo de política económica que desmonte el andamiaje y la lógica neoliberal en la economía, y oriente el país hacia un desarrollo endógeno, equitativo y metabólicamente sustentable con la naturaleza.

La construcción de un modelo alternativo incluiría como mínimo los siguientes componentes: a) suplantar el actual Estado paralítico por un Estado que pueda pensar y diseñar para el largo plazo, y regular e intervenir el mercado, que es un dato real y necesario, pero que precisa de un control de sus tendencias destructivas en los seres humanos y la naturaleza. b) Sustituir el equipo que dirige la política económica por un equipo con perfil idóneo.

c) Diseñar y estimular desde el Estado una red de encadenamientos para la construcción de un mercado interior. En este punto, resulta insoslayable enterrar para siempre la pasión orgiástica del Mific por los TLC, AdA y BIT. d) Una fiscalidad fuertemente progresiva que tase efectivamente las rentas más elevadas y la exportación de capital; junto con una reestructuración de la deuda interna y un impuesto duro al consumo de bienes suntuarios. e) Una política de inversiones selectiva que proteja y extienda los encadenamientos del mercado interior y cierre el paso a la inversión depredadora.

f) En lo inmediato, concentrarse en un vector dinámico de encadenamientos productivos, necesariamente el logro de un autoabastecimiento alimentario (maíz, arroz, frijoles, legumbres, frutas, carnes, lácteos). Y sobre esta base, organizar una infraestructura eficiente para la exportación masiva de alimentos y procesados orgánicos. g) Elevar los salarios, por lo menos al nivel de El Salvador. h) Una inserción selectiva en el mercado global de mercancías, capitales e inversiones, con plena conciencia del fraude ideológico del llamado “libre comercio”.

La viabilidad que se plantea en la pregunta requiere de dos premisas. Una, que el Gobierno que impulse las medidas de cambio de modelo cuente con un consenso político hegemónico en la sociedad. Esta premisa existe. En su primer período, Ortega gobernó con una mayoría que no era hegemónica. Pero en el segundo, a pesar de las sandeces que divulgan la derecha y los mercenarios del imperio, alcanzó una mayoría hegemónica que conserva hasta el momento.

La segunda premisa es que el Gobierno tenga la voluntad política de instrumentar las medidas de cambio. No observo indicios sobre la existencia de esta premisa. El Gobierno se siente muy cómodo con su subordinación en política económica a los criterios del bloque Cosep-neoburguesía de origen sandinista. Un cambio cualitativo en la política económica conllevaría una tensión en la alianza con dicho bloque, que por la inercia de su pragmatismo coyuntural no parece dispuesto a asumir.

Prefiere continuar con la convivencia de antípodas como se ha manejado hasta hoy: utilizar la ayuda venezolana para responder a las presiones desde abajo y el tutelaje FMI para satisfacer a la protoburguesía nativa y los intereses económicos imperiales que subyacen detrás.

Una salida a sus piruetas de clase en la cuerda floja el Gobierno cree encontrarla con el megaproyecto del canal interoceánico. Un megaproyecto que está lleno de escenarios inciertos.

Sobre la incertidumbre de estos escenarios opinaré en un próximo artículo.

 

* Planificador económico, historiador y sociólogo.