Jorge Eduardo Arellano
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Entre ateos te veas

Está encantado mi amigo don Protervo Repulido con un ensayo escrito por nuestro amigo Manuel Aragón Buitrago donde se señalan las contradicciones bíblicas que, en referencia a las acciones de Yaveh Dios, aparecen en el Génesis del Viejo Testamento.

El ateo Manuel dispara hacia el carácter contradictorio de un Dios, el sumun de la bondad y la sabiduría, convertido por sus acciones en un ser machista, cruel, vengativo y abusivo, autor de horrendos castigos, masacres y extermino de los seres que había creado “a su imagen y semejanza”. Sumido en su laberinto, Yaveh tiene que aceptar sus equivocaciones e, incluso, sacrificar a su hijo para “enmendarlas”.

Los amigos de la nueva Biblia Latinoamericana tratan de “interpretar científicamente” el mítico relato de la creación y para eso acuden a las frases “así debe entenderse” y “así debe interpretarse”. Es imposible volver científica y razonable una leyenda mística; sin embargo, para eliminar cualquier argumento contrario, acuden “in extremis” a la “fe”, madre del fundamentalismo dogmático sobre el cual se han erigido montañas de crímenes.

Durante varios siglos era pecado interpretar la Biblia. Peor aún, todavía hoy existen sectas cristianas que consideran que la Biblia es la palabra de Dios, que debe creerse al pie de la letra y que no debe interpretarse so pena de pecado.

“Por la fe —dice don Protervo—, tendríamos que creer a ciegas que Josué detuvo el sol a su antojo y destruyó las murallas de Jericó con sonidos de trompetas. Eso es igual a creer verdadero el ‘¡Ábrete Sésamo!’, que utilizó Alí Babá para abrir la cueva de los ladrones.

”Arranquemos desde el principio —agrega—. La creación en lo que se refiere al hombre carece de lógica y de elemental sentido común. Al crear a Adán ‘a su imagen y semejanza’ se colige que la creatura tenía la misma inteligencia e imagen física de Dios. Sin embargo, si también se afirma que Dios es un espíritu, no cabe imaginarlo de forma humana, ni siquiera cabe creer que tiene forma.

”Si Adán fue hecho a imagen y semejanza de Dios, sorprende que no conociera desde un inicio el bien y el mal, que fue el fiel con que el Creador fue midiendo cada elemento de su creación. Si eso es así, como lo afirma la misma Biblia, no cabe poner en el Paraíso el árbol del bien y del mal, ni poner a prueba a una creatura forjada a imagen y semejanza de Dios.

”Lo anterior nos lleva a pensar que el primer hombre no era a imagen y semejanza de Dios, sino un pobre ser ignorante y bobo, sin raciocinio, como los tantos animales que poblaban el Edén; sin embargo el oscurantista Dios no quería que el primer hombre tuviera libertad para discernir, para razonar, para analizar, para contraponer. Eso era pecado, anatema, herejía. Esa mentalidad retrógrada fue mantenida por la iglesia a través de los siglos, aun antes de la larga noche negra de la inquisición. De no ser por la serpiente, Adán y Eva andarían desnudos todavía botando baba instintiva en el paraíso terrenal.

”Otro olvido de Dios fue considerar que su creatura no era capaz de reproducirse por sí sola, de manera mitótica, y para enmendar el desaguisado tuvo que crear de una costilla de Adán a su pareja, Eva. Es dado pensar que, al mismo tiempo, el olvidadizo Yaveh dotara de hembras a todos los animales que poblaban el Paraíso, para que tuviera sentido el mandato de ‘creced y multiplicaos’ que dio a nuestros primeros padres”.

A eso don Protervo añade que con esas ordenanzas Yaveh, el más sabio de los sabios, puso en aprietos a Adán y Eva, que no sabían cómo hacer esa multiplicación, pues, siendo a imagen y semejanza de Dios, eran “carne y espíritu puros”, es decir, tenían el sexo de los ángeles.

“Por el bien del mismo Dios y por sus consabidas cualidades de conocedor de todas las cosas, es absurdo pensar que el hombre, con tantos defectos e incapaz de razonar, sea semejante a su creador. Aquella creación fue un fracaso, pero Dios no se arrepiente de nada, y aunque da coces contra la lógica y la razón, no se hace el harakiri”, señala don Protervo.

Está muy interesante el tema —le digo—, pero el escrito no da para más. Y con eso termina la plática.

 

* Catedrático de periodismo.