Lic. Valentín Barahona Mejía
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Con frecuencia hago reflexiones históricas, sobre cuales son las causas, por la que los  nicaragüenses a lo largo de nuestra historia, no hemos podido construir una sociedad  con instituciones políticas sólidas, que permita enfrentar los graves problemas sociales  que tenemos en materia de educación, salud, trabajo digno, desarrollo económico  sostenido, que permita competir económicamente en mejores condiciones, con otros  países de Centroamérica, América latina y del mundo. Con frecuencia se oye decir que  nuestro país es el más rico en recursos naturales, que tenemos las mejores y más  fecundas tierras del área centroamericana, con capacidad para no una, sino que hasta  tres cosechas al año. Sin embargo, la realidad es que nuestro país, es el más pobre de   Centroamérica, aun se tiene un atraso de pobreza similar a la de Haití. ¿En qué hemos  fallado los nicaragüenses? ¿Cuál es y sigue siendo nuestro talón de Aquiles?

Nuestra historia es fecunda en conflictos políticos, en guerras, revoluciones, golpes de  Estado, en dictaduras militares. Creo que no existe país en América latina que tenga  parangón, con lo que tristemente ha vivido y experimentado el pueblo de Nicaragua a lo  largo de su corta vida política. Nuestro País tuvo su primera guerra el 04 de mayo de  1824, con el Golpe de Estado propiciado en la ciudad de Granada, por Cleto Ordóñez.  En 1854 el Presidente Fruto Chamorro, expulsa de la Asamblea Nacional a diputados  Liberales, éstos traen al Filibustero William Walker y, con ello surge la guerra nacional.  En 1893 surge la guerra con la Revolución Liberal con José Santos Zelaya. En 1926 de  nuevo el país entra en guerra con la Revolución Constitucionalista, de José María  Moncada. De 1927 a 1933, el país vive una Guerra antiimperialista dirigida por Augusto  César Sandino. En 1937 nace la dictadura de los Somoza, que dura medio siglo, en ese  periodo hubo persecución, represión, cárcel  y muerte contra los nicaragüenses. En 1960  surge el FSLN, quien encabeza la lucha contra la dictadura de los Somoza, hasta su  derrocamiento en 1979. En 1983 nuevamente surge la guerra contra nuestro país, en la  cual Estados Unidos tiene un papel beligerante.

Esta repetitiva la historia de nuestro país, la que se circunscribe en dos aspectos, por una  parte en la facultad de un ciudadano llamado Elector, que quiere elegir libremente a sus  gobernantes, y por otro está el derecho de ese elector que tiene  aspiraciones de llegar a  cargos públicos, desde Presidente de la República, Diputados, Alcaldes, Concejales. En  cada etapa de nuestra historia lo que ha acontecido es, que el gobernado se levanta  contra los que gobiernan y viceversa. Sin embargo, el método usado por nuestros  antecesores para mantenerse en el poder, o para desplazar a los que gobiernan, ha sido  el uso de la violencia política, la represión, el golpe de estado, la guerra, la insurrección,  la revolución etc. etc., con las consecuencias sociales que para el país trae cada  levantamiento.

Como sociedad, no hemos sido capaces de forjar un sistema político, que garantice a los  ciudadanos los derechos y las garantías de ser elector-elegido. Todos los sistemas  electorales que a lo largo de la historia hemos tenido, tienen la característica de abonar y  fortalecer liderazgos personales, que al final lleva a un líder a una metamorfosis de  Cacique, Gamonal o Caudillo. De tal suerte que cuando se habla partido político, de  elecciones, de candidatos a cargos públicos, todo gira alrededor no de un sistema, sino  de persona sea éste Fruto Chamorro, Emiliano Chamorro, José Santos Zelaya, José  María Moncada, Juan Bautista Sacasa, Anastasio Somoza, Arnoldo Alemán o Daniel  Ortega.

Mientras no se confeccione un Sistema Electoral, que brinde garantías y derechos plenos al elector-elegido, como sociedad, seguiremos tropezando con la misma piedra.  Nuestra Carta Magna, en cuanto a este tema es muy escueta, ya que en los artos. 50 y 55  Cn., deja muchos vacíos. Igual se observa en las atribuciones que tiene el Consejo  Supremo Electoral (arto. 173 Cn.), por ninguna parte, se aborda los derechos del  elector-elegido. La actual ley electoral, a quien fortalece es a los partidos políticos,  desatendiendo al elector-elegido (artos. 61, 62, 63 y 64 Ley Electoral).

Si queremos evitar que la historia se repita de manera trágica, pienso que el sistema  electoral debe sufrir reformas así: a) Que el Consejo Supremo Electoral, como máximo  tribunal, tenga una participación activa y directa como Juez electoral, en las elecciones  que cada partido político haga de sus autoridades internas, de conformidad a sus  estatutos; b) Establecer en la ley electoral,  que los partidos políticos están obligados  realizar elecciones primarias entre su militantes, para la selección de candidatos a  cargos públicos; c) En la ley electoral hay que consignar la división  de los municipios y  departamentos en distritos electorales, para que la elección de concejal y diputado no se  haga por plancha, sino de manera personal, independientemente del partido a que  pertenezca el candidato.

*El autor es Abogado y Notario Público