Jorge Eduardo Arellano
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En los medios de comunicación se encuentra cada vez más el calificativo de fascista para describir el estilo de gobierno actual en Nicaragua. No se valoran en este artículo los objetivos teóricos y voluntades de los fascistas. Probablemente Hitler creyó, y George Bush y el triunvirato Ortega-Murillo-Cerna creen ahora hacer lo mejor para encaminar los países donde viven y sus pueblos hacia un mejor futuro. No olvidemos que el objetivo primordial de un político profesional es el poder, para usufructuarlo (ego) y utilizarlo para hacer los cambios que considera necesarios.

Dado que los términos Nacional-socialismo y Fascismo se utilizan para definir una amplia gama de modelos de partidos y gobiernos, a continuación aclaramos sus orígenes y características, para ver si con propiedad son aplicables a la situación nicaragüense.

Nacional-socialismo: El nacionalismo considera todo lo nacional superior a cualquier concepto o realidad exterior. Permite crear un espíritu de cuerpo nacional, excluir propuestas y visiones externas y finalmente presentar al otro como enemigo (traidor, vendepatria, vendido, agente del imperio). El elemento socialista del discurso, unido a ciertas acciones de efecto social, permiten cohesionar al pueblo. Basado en la pobreza y la desesperación, cualquier pequeño aporte o cambio es inflado para presentarlo como un importante cambio social.

Fascismo: En el año de 1870 el Fasci Siciliani fue conformado por grupos de demócratas y de socialistas revolucionarios en Sicilia. Luego la palabra fascista mantuvo varias connotaciones revolucionarias haciéndola atractiva a los jóvenes nacionalistas de izquierda. El fascismo es una ideología política autoritaria, un movimiento total que considera al individuo y al otro, subordinados a los intereses del Estado. Los fascistas, muy frecuentemente con un origen ideológico socialista, intentan forjar una unidad nacional basada en cualidades étnicas, culturales, raciales y religiosas. El fascismo surge con vocación de ir más allá de las ideologías tradicionales y utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder en el que se concentra todo el poder. Aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio para volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población. Se presenta como la superación de todas la demás ideologías, es mucho más cercano al populismo (sea cual sea su tendencia o bandera) que a una ideología política específica.

Características observadas en la aplicación de los modelos fascistas
Cuando los sistemas fascistas no son impuestos directamente por medio de golpes de Estado armados, su construcción depende de precondiciones que incluyen: altos niveles de desempleo y pobreza, frustración con modelos de sociedad anteriores (Revolución, Neoliberalismo) y un bajo nivel de educación.

Algunas de las características generales del fascismo observadas en la Nicaragua actual son:
* Caudillismo y personalismo, creando la imagen de líder mesiánico al servicio de los desprotegidos, imagen de padre (Mussolini) o madre (Eva Perón).

* Una visión maniquea que permita definir que las sutilezas son debilidades (o están con nosotros o están con los terroristas. Bush).

* Uso planificado de discursos contradictorios y por lo tanto generadores de confusión mental en la población, quien buscará refugio en la negación de las contradicciones (irracionalidad). Esto es esencial, ya que permite la construcción de estructuras mentales fanatizadas y sin capacidad analítica, y que por lo tanto no cuestionen las contradicciones entre el discurso y la realidad.

* Corrosión y finalmente ruptura de las instituciones del Estado, ya sea instituyendo una dictadura (Pinochet) o por medios leguleyos y manipulativos (Fujimori). La meta es tener el control (hegemonía) de todos los espacios culturales (ideología y relaciones sociales), físicos (la calle) y legales (Poderes del Estado).

* Organización, fanatización y creación de grupos de choque para-militares (Hitlerjugend, CPC, Minuteman), actuando al límite y luego fuera de de la ley, intimidando o reprimiendo cualquier cuestionamiento al modelo en proceso de imponerse.

* Vínculos estrechos con las iglesias, fortaleciendo posiciones conservadoras (penalización del aborto terapéutico) a cambio del apoyo de sus instituciones.

* Cuestionamiento discursivo demagógico a los empresarios, sin cuestionar al capital.

* Colaboración estrecha con los grandes capitales (nacionales e internacionales) mientras estos se subordinen al poder político y no lo cuestionen, incluyendo prebendas (exoneraciones fiscales, canales privilegiados de comunicación con el poder) y control de salarios y de sindicatos.

Podemos afirmar que el gobierno actual de Nicaragua tiene las características de un modelo fascista en construcción y dependerá de todas nosotras y nosotros evitar que se consolide.

“... Si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión de posiciones que te disgustan…” Chomsky.