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Algunos humanos curiosos se han maravillado y buscado cómo entender los fenómenos del mundo y del universo. Al vivir en sociedad, como resultado del desarrollo de la agricultura, pudimos comenzar a producir ideas que eventualmente ayudarían a pensar en términos de evolución y desarrollo. Hemos habitado el planeta aproximadamente 200 mil años y nuestros antepasados eran cazadores y recolectores en clanes, donde se sobrevivía de un día a otro. Con el avance tecnológico de la sociedad, especialmente en los últimos tiempos, gracias a las ciencias, se ha comenzado a entender mejor el mundo.

Fue solamente hace unos 7 mil años que el homo sapiens comenzó a escribir historia y dejar conocimientos de forma más permanente a las futuras generaciones. En muchas culturas, cuando había eventos astronómicos como los eclipses o el paso de los cometas, las personas comenzaron los ritos, como son los gritos, sacrificios, oraciones a dioses imaginarios, para que esas fuerzas incomprensibles o los dioses regresaran la vida al orden normal. Por otro lado, otros humanos observaron que con o sin gritos, sacrificios u oraciones, los eclipses o los cometas pasaban, incluso lograron observar la recurrencia de esos fenómenos astronómicos.

La antropología estudia los grupos humanos y las culturas que se construyen con base en su experiencia social. Por lo tanto, si no se conocen las leyes de la naturaleza o de las ciencias, el prejuicio de cualquier grupo social puede impedir ver con objetividad la naturaleza de las cosas. Hace unos siglos se excomulgó a Galileo Galilei simplemente porque dijo que la Tierra giraba alrededor del Sol, o sea, por su visión heliocéntrica. El problema de la filosofía y las religiones hoy en día es que las mismas se han quedado rezagadas ante el vertiginoso paso de las ciencias.

La iglesia de los creyentes en un Cristo celestial por siglos había acogido la visión aristotélica de que el Sol giraba alrededor de la Tierra, la cual era el centro del universo. A esto me refiero cuando hablo de las construcciones sociales en que nacemos y vivimos. Durante siglos, creímos que las enfermedades, pestes y otras aflicciones humanas eran el efecto de no agradar o adorar a dioses imaginarios.

Al estudiar las culturas en distintas épocas encontramos los dioses de la guerra, del Sol, de la Luna, de los distintos animales, el dios de los terremotos, de los volcanes, de las enfermedades, de la caza, del amor, del odio y el dios imaginado a nuestra semejanza pero con poderes sobrenaturales y misterios; como dioses que se encuentran en la mitología griega, dioses inventados que también provienen de otras culturas más antiguas, como la de los hititas que tenían cientos de dioses.

La creación de dioses imaginarios surgió cuando se comenzaron a formar estructuras sociales donde aparecen personas de influencia con privilegios especiales y con poder para tomar decisiones en nombre del grupo. Cuando no existían leyes escritas, a las personas con autoridad se les atribuían cualidades divinas, milagrosas y mágicas. Por tanto, la política y la religión siempre han caminado de la mano.

En determinada sociedad, el 90% de la población puede tener creencias ilógicas e irracionales, las cuales no son congruentes con la realidad externa, y por ende dichas creencias infundadas durante muchas generaciones tan solo serían mitos.

 

* Escritor y docente.

Rolando2@fulbrightmail.org