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Es imperativo detener la marcha, pensar y reflexionar acerca de los aciertos y desaciertos en nuestra vida individual o colectiva el pasado año; analizar los logros alcanzados en la arena política, económica y social, así como meditar sobre los desafíos a que estuvimos expuestos y que por una u otra razón no pudieron ser resueltos.

Es probable que un pequeño segmento de la sociedad considere y valore 2013 como un año exitoso, pletórico de triunfos económicos, ya que sus bienes materiales se vieron incrementados; sintieron que los negocios dejaron buenos dividendos y por tanto sus cuentas se abultaron; el lujo se hizo patente con la adquisición de viviendas, vehículos, viajes con gastos pagados… Un 20% de la sociedad no vivió ni sintió crisis económica y pueden aseverar que existe una correcta conducción económica.

El anverso de la moneda es el 80% de la población, donde están obreros de las maquilas, obreros agrícolas, pequeños campesinos, comerciantes formales e informarles; desempleados, amas de casa, indigentes; los casi dos millones de nicaragüenses que no tienen un ingreso económico seguro y que hacen de tripas corazón para llevar a la mesa un mendrugo de pan y no resuelven otras necesidades básicas como vivienda, salud y educación.

Aunque el Gobierno en sus medios de publicidad difunde que en 2013 la economía creció un 4.6%, en la realidad ese crecimiento económico no llega a los sectores empobrecidos; la riqueza queda en muy pocas manos, por ende se mantienen invariables los niveles de pobreza, desempleo y miseria, lo cual solo podrá solventarse con un crecimiento económico de al menos un 7% y 9% anual, y por un periodo de 10 a 20 años, como está sucediendo en China, India, Brasil, etc.

Nicaragua no puede salir del estancamiento ni podrá elevar sus índices de crecimiento económico, porque los cimientos y la superestructura en que se sostiene su economía la hacen inviable en materia de inversión. Para que pueda venir una inversión extranjera sustanciosa se precisa transformar el modelo político, implementar un sistema de justicia que genere seguridad jurídica a todos. En tanto no se efectúe una refundación del Estado, con nuevas reglas del juego que abonen y fortalezcan el clima de negocios, el país será como un barco anclado en medio mar.

Las reformas constitucionales aprobadas este año ponen el pomo a la situación y convierten a la nación en inviable; las enmiendas traerán sin duda alguna más confrontación política, más inestabilidad social, mayores enfrentamientos entre el Gobierno y la oposición; en consecuencia, se alejará la inversión y con ello los problemas económicos, en vez de resolverse, se agudizarán aún más.

En estos momentos no existe posibilidad alguna de cambiar el rumbo del país, porque el Gobierno se engaña a sí mismo si cree que las reformas constitucionales vendrán a consolidar su poder. No se percata de que las inconsultas reformas a la Carta Magna podrían ser justamente una sepultura.

 

* Abogado y notario.