Jorge Eduardo Arellano
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Los gobiernos municipales son los principales ejes de ejecución del desarrollo turístico en sus demarcaciones territoriales. Son las Alcaldías las que saben mejor que nadie dónde se encuentran sus potencialidades turísticas y las formas de atraerlo, fomentarlo y desarrollarlo, en base a sus propios recursos; en dónde la creatividad juega un papel preponderante, quizás en mayor grado de importancia que los mismos recursos económicos.

Existe una jerarquía de valores culturales que son esenciales para que el turismo pueda echar raíces en nuestros pueblos, campos y playas; y estos valores esenciales son: el respeto amable y bondadoso para el medio ambiente y la higiene y salubridad pública.

No podrá existir desarrollo turístico donde exista una cultura contaminante, como la que desgraciadamente prevalece en Nicaragua; los ejemplos abundan, desde la contaminación industrial en las costas de Granada, hasta la contaminación primaria de los desechos y bolsas plásticas que quedan en las costas del mar, lagos y ríos, después de una Semana Santa o en los fines de Semana. La clase empresarial contaminadora tiene que reflexionar sobre esa miopía social y remediar hechos; de la misma manera habrá que reflexionar sobre la forma de planificar y ejecutar una política nacional inductiva en dicho sentido, ascendiendo al entendimiento de dichos hechos y fenómenos, para promulgar leyes y políticas adecuadas.

Si menciono a la Alcaldías es porque en sus manos está la solución más inminente a resolver dichos problemas; sin necesidad de utilizar cuantiosos recursos ellas pueden resolver paulatinamente ese estigma nacional con sólo aplicar una buena dosis de voluntad y creatividad en su gestión municipal, a través de campañas de comunicación con sus pobladores, campañas inductivas de motivación que no requieren grandes costos operativos y que sí pueden tener un profundo impacto en la población. Los pobladores son receptivos cuando saben que la intención fluye en su propio beneficio. Existen ejemplos de Alcaldías que han fomentado acciones como las antes mencionadas y que sus pueblos han respondido de una forma positiva, sintiéndose parte y solución de dichos problemas.

Existen Alcaldías de pueblos costeros de mar o de lagos que cobran peajes a los veraneantes, pero existe una brecha asimétrica entre las Alcaldías que reinvierten esos recursos en mantenerse limpias y otras que a pesar de esos peajes permanecen siempre sucias.

En la actual etapa coyuntural de elecciones municipales nacionales, un compromiso serio y coherente de los aspirantes a alcaldes en relación a estos desafíos podría ser un magnífico pasaporte en la voluntad de votos de sus electores.