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Los años no perdonan a nadie. Tampoco a la Educación que tiene tanta prisa. El conocimiento discurre en progresión geométrica, cada día, la tecnología plantea nuevos escenarios a la niñez y juventud y, por supuesto, a la educación. La globalización ofrece grandes y nuevas tareas, formas de pensar y de ver la realidad local y global, con desafíos, peligros, posibilidades y oportunidades. El desarrollo del país también tiene prisa, presenta avances, pero sobre todo, múltiples viejas y nuevas demandas. Urge acortar la brecha entre desarrollo y educación, a pesar de los esfuerzos hechos por las instituciones educativas.

Cada día más, el país, en sus instituciones públicas, privadas y organizaciones sociales y empresariales, tiene mayor conciencia de las posibilidades que ofrece una educación de calidad, y la urgencia de plantearnos con transparencia, honestidad y responsabilidad, la realización de una profunda transformación educativa, sistémica, no coyuntural ni fracturada.

Todo hace indicar, que al menos existen unas condiciones facilitadoras: coincidencia en que el país y su desarrollo, se merecen cambios profundos. Pero, mientras la reforma es parcial, limitada, la transformación aporta cambios revolucionarios, penetra y desentraña las raíces que nutren los resultados educativos actuales, en todos sus componentes, ramificaciones y vasos comunicantes. Mal haríamos en modificar los resultados, basándonos en sus manifestaciones explícitas, omitiendo ir al fondo de sus raíces causales que los producen. Al dimensionar los efectos de un iceberg, no basta modificar solo el diez por ciento del hielo que aflora, sin examinar el noventa por ciento subterráneo, invisible.

Solo falta tomar decisiones valientes, sostenibles y responsables, al respecto, por parte de las instituciones del Estado, principal responsable de la educación, que respondan a procesos de concertación educativa. Concertar nudos críticos para actuar sobre ellos, con unidad en la diversidad. Los resultados serán sostenibles y democráticamente alcanzables, en tanto esta dinámica participativa posibilite convocar a todas las instituciones públicas y privadas y organizaciones sociales y comunitarias, a aportar visiones, opciones y nuevos caminos y rutas para transitar, en la búsqueda de una educación, en la que todos se sientan representados, aportando compromisos y responsabilidad en la construcción del nuevo futuro. Ha de ser la educación el punto de encuentro de toda la sociedad sin distingo alguno.

Mal haríamos en pretender una reforma educativa que no parte de una intensa labor de concertación e investigación. El país, en su historia, ha emprendido reformas que, en su base, no contaban con datos investigativos, resultando improvisaciones e ineficiencia (“cambios para no cambiar”). Repetiríamos viejas historias, si un sector pretendiera imponer una Reforma, olvidando que, una condición de su sostenibilidad es, el apego a la conjunción de voluntades, desde una perspectiva de “unidad en la diversidad”. En el año 1999 al 2001 la educación pudo romper con una década de imposiciones, acuerpando la construcción del Plan Nacional de Educación, cuya incidencia ha calado, aunque no lo necesario. Del 2004 al 2006, el país se dispuso a orquestar un Foro Nacional de Educación, de amplio espectro participativo, aportando una propuesta que debió ser retomada por las instituciones educativas.

La principal tentación al pensar estos procesos de cambio, es abordarlos sin perspectiva sistémica. Es importante considerar que, cualquier cambio en un componente educativo, interactuará con otros componentes con sinergias, produciendo efectos no esperados. Por ello, la perspectiva de sistema ayudará, en gran manera, a lograr visionar la educación en todos sus componentes, sin despreciar ninguno, entendiendo, además, que la educación apenas es un subsistema de otros sistemas mayores con los que también interactúa. Haber obviado esto, ha convertido a la educación en un fenómeno solitario, limitado a la escuela y a una escuela encerrada; desprendido de sus articulaciones sociales, económicas, culturales, ambientales, etc. Esta mirada amplia, sistémica, integral, abonará a una educación conectada con los demás subsistemas, articulada con ellos, con vasos comunicantes de ida y vuelta que la enriquecen, a la vez que su sabia también vivifica los procesos de construcción social, cultural, económicos, etc. Las visiones tecnicistas, simplistas, unidisciplinares y pedagogicistas, han encerrado a la educación en sí misma, reduciéndola a la escuela, empobreciéndola, aislándola, negando, así, las potencialidades que ella debe desplegar en formar Comunidades de Aprendizaje, superando el concepto tradicional de Comunidad Educativa.

Son claros los nudos críticos que nos aquejan y que deberían constituirse en fuente de análisis para concertar prioridades educativas. A título de ejemplos, que puedan ayudar a generar el debate, solo mencionamos algunos de ellos brevemente. En otros artículos podremos desarrollar cada uno de ellos: a) Educación de todos, con todos y para todos, b)Perspectiva Humana y Ética de la Educación, c) Educación como sistema, d) Equidad más allá de la cobertura: equidad interna, retención, repetición, abandono escolar, e) Educación Rural, f) Calidad de la Educación, g) Profesión y Formación Docente, h) Currículum situado en contexto con orientación técnico-laboral, i) Legislación Educativa, j) Enseñar-Aprender-Evaluar.