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El fortalecimiento de las instituciones democráticas de una sociedad contribuye al respeto de los derechos humanos y de la propiedad, del Estado de derecho, de la libertad de prensa, de gobiernos honestos—no populistas o dictatoriales. Además de todo esto, el desarrollo económico se trata de mercados abiertos y sobre todo de la confianza en los conciudadanos. En esta línea de pensamiento es que la sociedad se desarrolla en términos económicos.

En retrospectiva, países que eran muy pobres como Japón y Corea del Sur en los años cincuenta lograron ser más ricos que Argentina y México que ahora son más pobres que los países asiáticos mencionados. Argentina durante mucho tiempo a principios del siglo veinte era tan rico como los Estados Unidos, no obstante, su crecimiento económico no fue sostenido. Es evidente que la falta de instituciones democráticas y la educación determinan el desarrollo de un país.

Se sabe muy bien que los gobiernos dictatoriales y populistas por lo general no progresan tan rápido en comparación con los gobiernos democráticos y que respetan las leyes y las instituciones. Independientemente de los recursos naturales que puede tener un país, si hay gobiernos corruptos y antidemocráticos, la deshonestidad se extiende como un cáncer a los diferentes sectores de la sociedad y no se puede vislumbrar un bienestar económico para toda la población, los ejemplos de corrupción abundan en los países del tercer mundo.

En cuanto a la tecnología, el conocimiento y la información que anteriormente se difundía con mayor facilidad de este a oeste, ahora es más fácil hacer los contactos y las transferencias tecnológicas para manipular las semillas y utilizar las máquinas necesarias para impulsar el desarrollo de las industrias. El desarrollo requiere un clima de negocios favorables que vaya acompañado de reglas claras y aplicables a todos los ciudadanos.

Siendo tan ricos en recursos naturales por nuestra geografía, las nuevas generaciones de nicaragüenses merecen un mejor futuro y por tanto los líderes y tomadores de decisiones no solamente deben conocer muy bien la historia, sino que deben armarse de conocimientos técnicos y científicos para poder enrumbar el país por el verdadero desarrollo económico sostenible.

Para algunos, lo anterior tal vez sea un gran reto, pero está probado y comprobado que solo en países con libertades democráticas y una concepción práctica del mundo, se puede prosperar. Esto implica desaprender conductas tradicionales que durante muchas décadas no nos han permitido avanzar en comparación con otros países.

Si bien es cierto, los gobiernos populistas existen en muchos países, donde se le da pan y circo a las masas, al igual que se hacía en la época de los romanos. Los países más serios del continente se preocupan más por respetar las leyes e invertir más en la educación de calidad de los ciudadanos, me refiero al caso de Chile. Este país ha fortalecido sus instituciones, impulsado la educación y mantenido el proyecto de nación—independientemente del gobierno de turno, lo cual ha resultado en el milagro económico de nuestra región.

En fin, los gobernantes y líderes debieran tener los mejores asesores que tengan amplios conocimientos de cómo funciona el mundo a mediano y largo plazo. No se trata de aferrarnos a paradigmas y tradiciones anticuadas que a la larga van en detrimento de la población y del futuro del país. Solamente es a través del fortalecimiento de las instituciones por parte de todos—gobernantes y gobernados—que el país eventualmente podrá ver luz al final del túnel.

 

* Escritor y traductor.

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