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Hace unos meses me encontré con una frase que en aquel instante pasé totalmente desapercibida: “El buen diseño es caro, el malo es más caro”. Casualmente, unas semanas atrás me volví a topar con el mismo enunciado, sin embargo, mi reacción fue diferente; esa expresión, a la que en un principio no di ningún valor, empezaba a cobrar un poco de sentido.

Hoy en día, el diseño en la arquitectura es subestimado por la mayoría de los nicaragüenses, no obstante, este problema también afecta a otros países del mundo. Se dice que el diseño arquitectónico es el conjunto de planos, dibujos, esquemas y textos explicativos, utilizados para plasmar un proyecto antes de ser construido.

Lo que no se sabe, o se ignora en la mayoría de los casos, es que detrás del éxito de toda construcción existe un buen diseño que lo respalda. Actualmente es menospreciado el diseño por algunas personas que, aun teniendo un capital suficiente para invertir en sus viviendas, empiezan a construir sin la intervención de un experto en la materia, omitiendo las consecuencias que dicha decisión pueda acarrear en el futuro. Todo eso es producto de no querer reconocer los honorarios del arquitecto, alegando que cobran demasiado.

Esta dinámica es muy dañina en la atmósfera de la construcción, no solo por el hecho de que no se emplean a los arquitectos, sino porque también a la larga, el diseño malo cobrará factura en el inmueble.

Existen muchos escenarios en donde el mal diseño dentro de un proyecto genera costos adicionales (eventualmente), debido al mal planteamiento del mismo desde un principio. Por ejemplo, lugares mal ventilados en el interior de la vivienda, debido a la mala disposición de las ventanas; luego los usuarios deben de pagar elevadas facturas de electricidad para poder climatizar el hogar.

También se da que los espacios cuentan con poca o nula iluminación, por incongruencias en la orientación de la casa; en estos se deben de prender luces aun estando de día. Todo esto resulta en una gran problemática para nuestro país, donde la energía eléctrica resulta costosa, y por el contrario, antes que disminuya, siempre existe una tendencia a que siga elevando sus tarifas.

Y esto no es lo más grave del asunto, los errores anteriormente mencionados se pagan con grandes sumas de dinero, sin embargo, existen otros descuidos de mayor gravedad, donde lo monetario es lo de menos, y que se pueden pagar hasta con la muerte. Cuando se autoconstruye en una obra sin la supervisión de un especialista, siempre está la posibilidad de que existan fallas a nivel estructural dentro de la obra construida.

Este es un tema de mayor preocupación, sobre todo porque vivimos en un país sísmico, donde un movimiento telúrico de gran magnitud puede derrumbar la estructura de nuestro hogar y terminar con nuestras vidas. No nos olvidemos del terremoto de 1972, que acabó con la mayor parte de nuestra capital.

Así pues, existen muchas decisiones que se deben tomar al momento de construir. Es verdad que el diseño a veces resulta un poco costoso, pero un mejor planteamiento desde un inicio trae mayores beneficios ulteriormente. La decisión está en cada uno de nosotros, pero hay que recordar lo que bien dice el dicho: “Lo barato sale caro”.

 

* Arquitecto.