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La República Popular China es el país más grande de Asia. Tiene 9.6 millones de kilómetros cuadrados y una población de 1,320 millones de habitantes. Actualmente es la segunda economía del mundo, después de Estados Unidos. El sistema político es unipartidista. En el mundo occidental es conocida como China comunista, aunque el dirigente chino Deng Xioaping, en 1978, inició reformas económicas privatizando la industria, pero conservando el Estado el monopolio de la banca, el petróleo y la tierra.

De 1978 al 2010, la economía china tuvo un crecimiento de 9.5 % anual. De país pobre y atrasado, en tres décadas se transformó en una potencial mundial, al punto de que se pronostica que para 2025 se convertirá en la primera potencia económica del mundo.

Los ideólogos del capitalismo mundial no encuentran respuestas al hecho de que China, con un sistema político totalitario, partido único, donde la libertad de expresión y difusión del pensamiento está restringida, donde se persigue a disidentes, donde el modelo es la antípoda de la democracia; pueda en tan corto tiempo ostentar semejante crecimiento, lo cual contradice la tesis de que sin libertad política no puede haber desarrollo económico.

El argumento es descalificar al país asiático, diciendo que China tiene un cuasi capitalismo, un remedo, una parodia, una deformación del modelo, porque para ellos solo hay capitalismo cuando hay libertad política, democracia, pluralismo, irrestricta libertad individual; valores que solo existen en naciones de economía de mercado. La economía china no es aceptada como un modelo a imitar, por cuanto el sistema chino desvirtúa la doctrina en que se funda el modo de producción capitalista.

La República Popular China ha sabido conjugar dos sistemas: el socialista y el capitalista. Por una parte el Estado controla los ejes fundamentales de la economía, y por otra permite al sector privado invertir en áreas industriales. Bajo ese esquema, en medio siglo su economía creció al punto de alcanzar y dejar atrás a EE.UU; cuando este, para convertirse en potencia económica, tuvo que caminar un largo trecho de casi 200 años, envuelto en guerras e intervenciones militares, despojando de inmensos territorios a otros países, saqueando recursos, dominando un subcontinente…

En tanto China, en tres décadas se dedicó a trabajar en paz, sin involucrarse en conflictos internacionales. El éxito fue hacer a un lado los dogmas marxistas en materia económica, preservando principios políticos, por lo cual vino el golpe de timón con las reformas de 1978, lo cual evitó que el socialismo colapsará; cosa que no fue posible evitar en la otrora URRS.

Las naciones del mundo, sin excepción alguna, deben aprender de la experiencia de la República Popular China. Algunos países están procurando retomar esta experiencia con excelentes resultados. Así lo comprueba la República de Vietnam, donde hay una combinación de socialismo y capitalismo; asimismo en Cuba se están impulsando reformas económicas, dando apertura a la iniciativa privada bajo el control del Estado.

Con respecto al modelo político unipartidista y pluripartidista, en los países de tendencia socialista ha ocurrido lo mismo que ocurrió en las naciones de economía de mercado, donde el sistema ha sido aceptado por amplias mayorías con una que otra disidencia, pero con marcadas diferencias, ya que los problemas de drogas, crimen organizado, inseguridad ciudadana, típicos en países capitalistas; no se ven las naciones de corte socialista. Por ello hay segmentos en las sociedades capitalistas que luchan por mudarse al modelo socialista.

 

* Abogado y notario.