Gustavo-Adolfo Vargas*
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Oprimida históricamente entre sus dos gigantes vecinos China y Japón, Corea del Sur durante mucho tiempo fue percibida como un país desfavorecido con una identidad cultural cuasi indefinida.

Antiguamente, Corea del Sur era una colonia japonesa (1910-1945). Hoy, su economía anualmente ha crecido el 5% en promedio durante diez años, mientras que Japón creció 0.42% anual en el mismo tiempo.

En una generación, los surcoreanos, otrora sacudidos por la guerra civil, bajo constante amenaza de su hermano comunista del norte, sumidos en la pobreza y gobernados por dictadores militares durante 40 años, construyeron la decimotercera economía más importante del mundo.

En los años setenta se podía decir que Corea del Sur aún no era una economía madura y que solo trataba de alcanzar a un Japón más avanzado. Ahora ya no es así.

Mientras el crecimiento de China está alimentado por la mano de obra barata, millones de campesinos ingresan en la economía industrial. El éxito y motor del crecimiento surcoreano, ha sido impulsado por la actitud empresarial privada, la innovación y los productos de calidad.

Otra clave de su éxito es la bien equilibrada relación entre gobiernos estables y el sector privado, claramente demostrado el año pasado, cuando un consorcio surcoreano ganó un contrato para construir cuatro reactores nucleares en los Emiratos Árabes Unidos superando a los franceses.

Con frecuencia se considera al Estado y al mercado como alternativas sustituibles entre sí, sin precisar su distinta naturaleza ni el carácter complementario que tienen en la práctica. No obstante, tal característica es evidente en las gestiones públicas y privadas.

El Estado es un conjunto de instituciones sociales que establece un orden en un territorio determinado, sobre la base de una garantía coercitiva centralizada. El gobierno, en particular, es la organización del sector público que define las políticas públicas que implementará; la administración corresponde al personal del sector público, y el sector fiscal incluye aspectos de financiamiento, asignación y ejecución de recursos públicos.

En la década del setenta, los japoneses sabían cómo coordinar los objetivos del sector estatal y privado pero luego perdieron el rumbo. Eisuke Sakakibara prominente economista japonés, uno de los arquitectos del “milagro” japonés de los años ochenta expresó, “Ahora deberíamos emular a los surcoreanos”. Los japoneses en busca de un milagro ahora viajan a Seúl.

El Estado y el mercado también son imprescindibles para la sociedad, ambos son recíprocamente dependientes y complementarios. Si bien la actividad económica es imposible sin un marco institucional estable, una sociedad con mercados débiles o inexistentes carece de dinamismo económico.

Las políticas macroeconómicas y sectoriales necesitan una nueva forma de interacción de los agentes públicos y privados en diversos ámbitos. La participación del Estado en el desarrollo de muchos países es evidente. Esta es quizás la principal lección del desarrollo de los “tigres asiáticos”.

En momentos en que los surcoreanos se globalizan, aprenden inglés y reciben con beneplácito a una creciente cantidad de inmigrantes, Japón ingresa en un “proceso de desglobalización”.

Los países del continente asiático, junto con las dos Coreas, deben iniciar un proceso de confianza, promoviendo la cooperación y la difusión de tales prácticas a otras partes del mundo. La península de Corea, será capaz de librarse de su pasado y vencer los obstáculos como una contribución a la paz en el continente euroasiático y el noreste de Asia.

El jugador regional menos predecible es Corea del Norte, quien en gran medida se encuentra bajo control de su “hermano mayor”, China. Sortear las cada vez más enmarañadas relaciones entre los estados de Asia, probablemente resulte más riesgoso en el nuevo año. El proyecto de construcción de un Parque de la Paz Mundial en la zona desmilitarizada, (DMZ, siglas originales), que divide la península coreana, podría ser un punto de partida.

La región Asia/Pacífico, se ha convertido en una escena trascendente para el desarrollo económico del mundo y la interacción estratégica entre las grandes potencias.

 

* Diplomático, jurista y politólogo.