Jorge Eduardo Arellano
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La doctrina socialista que atribuye al Estado potestad para distribuir la riqueza que otros producen cautiva a los grupos de población que viven dificultades económicas y sociales. Por otro lado, el espíritu de la libre empresa, que respeta el derecho de quien produce la riqueza para usarla a su conveniencia, languidece frente a la dramática realidad de estos grupos poblacionales desprovistos de educación, de una actitud proactiva y de las competencias necesarias para salir adelante por su propia cuenta.

El Estado recauda impuestos para sufragar el manejo de la administración pública (legislación, justicia, elecciones, obras públicas, policía, ejército, etc.). Estado socialista además carga de impuestos a los productores para hacer una “redistribución de la riqueza” entregándole recursos a quienes no producen. Muchos aprueban esta práctica socialista de quitar riqueza a quien la produjo con su trabajo para repartírsela a quien no la tiene. Esta práctica debe analizarse por sus consecuencias indeseables. Quitar a quien produce para dárselo a otro que no produce paraliza la motivación necesaria para seguir produciendo y ello frena las inversiones y empleos. Más pernicioso aún es que arraiga en la cultura credos de adversas consecuencias en lo ético-moral, lo social y lo económico, como la de fomentar la creencia generalizada de tener el derecho a recursos sin haber trabajado, y que el derecho a esos recursos debe satisfacerse quitándole a otros.

Conocemos de historias que validan lo anterior en todos los niveles sociales. El dueño de un huerto capturó a un hombre robándole plátanos. Al increparlo por el abuso, el ladrón se justificó diciéndole que los plátanos estaban allí y como nadie los estaba cuidando él creyó que los podía tomar puesto que los necesitaba para comer. “Como lo necesitaba lo tomé”. Es mi “derecho humano” apropiarme de lo que necesito aunque se lo tenga que quitar a otro. También, las invasiones de tierra a privados que de forma sistemática grupos de pobladores practican aduciendo su derecho a poseerla, y que el Estado debe regalárselas sólo porque ellos así lo exigen, es otro ejemplo de estas creencias resultantes de la doctrina socialista heredada del Sandinismo.

Esta misma creencia reforzada por otros vicios de las dictaduras anteriores al Sandinismo también carcome el más alto nivel del Estado. Los Poderes del Estado al servicio de la dictadura despojan antojadizamente de sus derechos humanos, políticos y civiles a personas y partidos políticos de oposición. Las reparticiones (“piñatas”) y robos del erario y de privados, los enriquecimientos súbitos, entre otras, suceden a la vista y paciencia de todos. Los que sobrevienen en el poder “perdonan” esos actos delictivos a cambio de algo, y otros que añoran subir al poder deben aliarse con los corruptos para obtener su apoyo pues de otra forma no podrían resultar electos. Todos estos actos son ejemplos de estas creencias y prácticas viciadas que nos mantienen en el atraso.

La consigna de hoy promovida por los liberales del PLC de Arnoldo Alemán es Todos Contra Ortega. Todos a votar contra Ortega en unas elecciones fraudulentas que los mismos dirigentes del PLC tienen calculadas con Ortega. Más que unas “elecciones” esto es una trama para atrapar a la población en un solo corral, y luego sellar otro pacto Alemán-Ortega como el de los generales de 1950, o el de Agüero con Somoza de 1971, y repartirse el control del Estado entre ellos, cerrándole el espacio a los otros partidos.

¿Acaso hemos perdido el discernimiento y sano juicio que nos posibilite comprender las consecuencias de nuestros actos? La fábula de Esopo de La Gallina de los Huevos de Oro, ilustra con claridad el problema que vivimos. Esopo cuenta que un granjero descubrió que una de sus gallinas había puesto un huevo de oro. El granjero estaba muy feliz. Más contento se puso cuando esa gallina empezó a poner un huevo de oro cada día. Se hizo súper rico. Pero con su riqueza creció su codicia. No se conformó con un huevo de oro por día y decidió obtenerlos todos de una sola vez. Mató la gallina y al abrirla la encontró vacía. No había huevos y había matado la posibilidad de obtener más huevos de oro sin la gallina.

Esopo nos enseña un principio que funciona como una ley natural: hay que cuidar la capacidad de producción (la gallina) para poder seguir produciendo (huevos de oro) sostenidamente. Esta enseñanza que conocemos desde niños no la hemos podido aprehender como práctica. En todos los niveles sociales nos comportamos como si no nos importara nuestra capacidad de producir: desde botar la basura en la calle que aniquila la vida en nuestro lago, destruir bosques enteros en un afán de “hacernos ricos rápidamente”, perseguir políticamente a las personas que agregan valor a nuestra sociedad, quitarle recursos a quien los produce, y así, destruimos la motivación, la confianza, y nuestra capacidad para generar riqueza y bienestar.

Las leyes naturales afectan todas las dimensiones de nuestra vida. Conozco a alguien que le gustaba ir “jogging” varias horas al día. Lo hizo diariamente por años y se jactaba de tener una salud impecable. Hasta que un día una de sus vértebras en la columna se le quebró producto del desgaste. No se cuidó y ahora no puede correr. También tengo una amiga que usaba su auto diariamente y alardeaba de que era súper-económico hasta que se le quemó el motor, puesto que nunca le hizo mantenimiento ni le cambió el aceite. Las plantas generadoras de electricidad en Nicaragua no tuvieron mantenimiento adecuado por muchos años, se sobreutilizaron hasta que colapsaron el año pasado con los consecuentes apagones que todos sufrimos.

En materia política, pareciera que estamos organizados contra-natura, y desatendemos así el principio o la ley de cuidar la capacidad de producción (la gallina) para poder seguir produciendo (huevos de oro) sostenidamente. ¿Cuál político querrá inmolarse invirtiendo en la salud de la “gallina-capitalista” a sabiendas que la población no entenderá ni aceptará ninguna reducción de “sus huevos de oro” a la que ya está acostumbrada por el populismo socialista? Pocos asumen responsabilidad para actuar dentro del marco que fortalece la capacidad de producción. Todos quieren usar los recursos y nadie quiere cuidar y fortalecer la gallina que los produce. La mayoría busca atajos, caminos fáciles y hasta ilícitos para obtener poder y disponer de los recursos ajenos. Mas la ley de la naturaleza es incontestable. Los atajos sólo conducen a la desilusión y el fracaso. Donde se ignore esta ley natural la “gallina” está moribunda, si no es que ya murió.

Nuestro gran desafío es “salvar la gallina”, fortalecer la práctica-moral responsable y obedecer las leyes naturales que conducen al desarrollo sostenible. Abandonemos el desenfreno de buscar atajos y de quitarle al otro sus derechos políticos, humanos y el producto de su trabajo honrado. Rechacemos colaborar con los corruptos y aceptar sus invitaciones y estratagemas que únicamente pretenden manipular. Y aprendamos a crear y sostener espacios abiertos de participación en equidad. Estas prácticas restablecerán nuestra autoestima, confianza, y facilitará la colaboración que nos hará más efectivos en alcanzar un desarrollo personal y de país que sea verdaderamente sostenible.