Jorge Eduardo Arellano
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BUENOS AIRES

Tres cuartos de los estadounidenses desaprueban hoy la gestión del Presidente George W. Bush. Dado esto, y el hecho de que las políticas y valores de John McCain y su candidata a vicepresidente, Sarah Palin, son casi idénticos a los de Bush, se podría esperar que Obama encabezara las encuestas por un margen mayor del actual.

Sospecho que la razón de ello es el racismo. Cuando se les consulta en las encuestas, la gran mayoría de los votantes blancos de más edad rechaza a Obama, incluso si muchos de ellos no están contentos con Bush. De hecho, un tercio de los demócratas ha indicado a los encuestadores en diferentes ocasiones que no votarán por un candidato negro. Un estudio reciente de Associated Press/Yahoo News sugirió que esta carrera está costando a Obama seis puntos porcentuales en las encuestas.

La mayor parte del tiempo, el racismo es encubierto y sólo se da a entender mediante palabras en clave. Los medios de comunicación, particularmente los cada vez más populares programas de conversación por radio y prensa escrita de corte conservador, son particularmente importantes en este punto. Obama es criticado una y otra vez por ser “exótico” y por su “arrogancia”, términos que traen a la mente la imagen del “negro escalador social” (“uppity niger”) de los días de la segregación, desde los que en realidad no ha pasado tanto tiempo.

En una entrevista reciente, Bill O’Reilly, el presentador más popular de los show de conversación de Fox News, la estación de televisión con mayor audiencia en Estados Unidos, habló de Obama en término tan condescendientes que algunos telespectadores recordaron la imagen de un hacendado esclavista de alguna vieja película de Hollywood, poniendo a un joven de color “en el lugar que le corresponde”.

Sean Hannity, otro presentador estrella de Fox News, cadena de propiedad de Rupert Murdoch, preguntó una y otra vez en el aire a un entrevistado, Fareed Zakaria, conocido columnista de Newsweek que tiene su propio show de conversación en CNN, si pensaba que Estados Unidos era la nación más grande del planeta. Zakaria, de piel oscura y originario de la India, con un Ph. D. de Harvard, se sintió presionado a confirmar dos veces su lealtad por Estados Unidos. Es difícil imaginar a Hannity exigiendo una afirmación pública de lealtad semejante a un blanco.

Entonces, ¿cuánto está afectando a Obama el tema racial? El problema es que los encuestadores no pueden medir de manera real el problema. Lo llaman el “efecto Bradley”, observado por primera vez durante la campaña para las elecciones de gobernador de 1982 en California, cuando Tom Bradley, en ese entonces alcalde afroamericano de Los Ángeles, perdió ante su oponente blanco a pesar de encabezar las encuestas previas a la votación.

La idea tras el “efecto Bradley” es que los votantes blancos no revelan sus prejuicios a los encuestadores y, en lugar de ello, dicen que votarán por el candidato negro cuando de hecho no tienen intenciones de hacerlo.

Por supuesto, muchos dicen ahora que Obama ha demostrado que el “efecto Bradley” es cosa del pasado. Sin embargo, el hecho de que siga teniendo dificultades con los votantes de clase trabajadora, que en las primarias apoyaron a Hillary Clinton, sugiere que quizás siga ocurriendo.

Los estadounidenses jóvenes aceptan las relaciones interraciales como parte del paisaje social y sexual normal. Sin embargo, la velocidad misma con que la sociedad de EU ha progresado se ha convertido en una amenaza para la mitad del país -los de más edad y, sobre todo, blancos- incapaces de vivir en el presente y poco dispuestos a intentarlo.

El Partido Republicano moderado de Dwight D. Eisenhower y los Rockefeller ha sido tomado por grupos conservadores radicales, al punto que incluso la nieta de Eisenhower ahora apoya abiertamente a Obama. Muchos no estadounidenses se quedan perplejos ante el hecho de que tantos en esa gran nación todavía no despierten a la realidad de que cuatro años más de gobierno republicano no harán más que seguir degradando el país y dejarlo en la bancarrota.

En cualquier sociedad civilizada, la ignorancia no es ilegal y ser moralista es un privilegio inherente a cualquier individuo. Sin embargo, lo que es alarmante es cómo las creencias y directrices morales religiosas privadas han ido influyendo cada vez más en los temas públicos seculares de Estados Unidos, cuyos Padres Fundadores habían creado la Constitución específicamente para separar la iglesia del Estado.

El Partido Republicano radical de hoy representa a un gran segmento de la población, que cree que el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo son inmorales, que Dios envió a Estados Unidos a Irak, y que rescatar financieramente a Wall Street es “socialismo”.

En la Convención Republicana de agosto, los ensordecedores gritos de “¡Estados Unidos!” y “Perfora, cariño, perfora” sonaron como gritos de desesperación, así como de desafío contra un enemigo que amenaza el derecho divino de Estados Unidos a seguir siendo la nación suprema. Desde entonces, Palin ha identificado al enemigo, proclamando acerca de Obama que: “Este no es un hombre que ve a Estados Unidos como lo vemos usted o yo”. Tenga o no esta afirmación un trasfondo racista, como varios observadores creen, las encuestas indican que muchos estadounidenses la comparten.


Sin-ming Shaw ha sido Investigador visitante en Historia en las universidades de Oxford y Princeton.


Copyright: Project Syndicate, 2008.

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