Karlos Navarro
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La televisión se ha convertido en una influencia muy poderosa en el desarrollo del sistema de valores, en la formación del carácter y en la conducta de los niños y adolescentes. Lo más lamentable es que la mayoría de los programas de televisión, esencialmente provenientes de EE.UU., contienen un alto grado de violencia.

Los psiquiatras que estudian los efectos de la violencia en la televisión han encontrado que los niños y adolescentes imitan la violencia que observan en ella; se identifican como víctimas o victimarios; gradualmente aceptan la violencia como manera de resolver sus problemas.

En ocasiones, ver tan solo un programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que ven espectáculos en los que la violencia es presentada de forma muy realista, repetida, o sin ser castigada, tienen mayor probabilidad de imitar lo que ven.

El impacto de la violencia en la televisión puede reflejarse en la conducta del niño inmediatamente o manifestarse más tarde en su desarrollo. De manera que la exposición extensa a programas que contengan violencia causa mayor agresividad en los niños. Pueden afectarse aun cuando en la atmósfera familiar no haya tendencia hacia la violencia. Esto no quiere decir que la violencia que se ve en la televisión es la única causa de conducta violenta o agresiva, pero no hay dudas que es un factor significativo.

Nell Postman, autor de La televisión y los adolescentes, aconseja que los padres protejan a los niños del exceso de violencia en la televisión, de la siguiente manera: prestando mayor atención a los programas que ven los niños; estableciendo límites en el tiempo que pasan viendo televisión; evitando que vean programas violentos; cambiar el canal o apagar el televisor cuando aparecen escenas ofensivas, y explicarle al niño aquello que consideran malo del programa.

Señalar al niño que, aunque el actor no se lastimó, hirió o murió, la violencia puede producir dolor o muerte si sucede en la vida real; desaprobar los episodios violentos; enfatizar en que esa no es la mejor forma de resolver un problema. Para contrarrestar la presión que ejercen los compañeros y amigos deben comunicarse con otros padres para poner en vigor reglas similares sobre el tiempo y tipo de programa que deben ver.

Se deben utilizar estas medidas para prevenir los efectos dañinos de la televisión en otras áreas como el estereotipo racial o sexual. Aparte del contenido del programa, el tiempo que los niños dedican a esta actividad debe limitarse, ya que los saca de actividades más provechosas como jugar con sus amigos, interacción familiar, estudio y lectura.

En esta labor debe ayudar el Estado y el gobierno. Es necesario que el gobierno, por medio del Ministerio de Educación, diseñe una política educativa televisiva en concordancia con los programas pedagógicos de la educación media para construir una cultura de convivencia.

La escuela es un espacio privilegiado para favorecer esta nueva visión sin renunciar a los programas actuales, pero inculcando nuevos enfoques y conocimientos relativos a la paz y los derechos humanos, y sobre todo, un cambio democrático en las relaciones alumno-maestro y en el cotidiano escolar.

En Nicaragua debe existir un Consejo Nacional de Medios de Comunicación con el propósito de diseñar programas culturales y educativos que se presenten en el canal seis, dirigidos a la formación de la niñez y juventud nicaragüense, de acuerdo con los programas del Ministerio de Educación.

 

* Jurista e historiador.