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Un análisis que recoge diversas opiniones, casos y situaciones sobre si muchos jóvenes deberían estudiar esta carrera, nos advierte que es mejor buscar otra opción. Joven aspirante: parta de usted mismo para tomar esta decisión, que sin duda le marcará toda su vida. Cientos de jóvenes se matriculan en esta carrera por razones que van desde el interés y la simpatía hasta la imposibilidad de clasificar en las universidades públicas; y lo que es peor: pensar que en esta carrera no existen los números ni las matemáticas.

A medida que los docentes se relacionan con los de nuevo ingreso y preguntan por qué decidieron estudiar Relaciones Internacionales, las respuestas van desde una encogida de hombros hasta un movimiento de ojos buscando la respuesta. Son pocos los que se han preocupado por conocer antes de matricularse.

En la desesperación de la desubicación y la de sus padres, ingresan en universidades donde el valor del estudio de esta carrera oscila entre los 30 y hasta más de los 200 dólares mensuales. Lo que al final representará una seria inversión de dinero y tiempo valioso como para arrepentirse cuando choque con realidades más crudas que le depara la profesión del relacionista internacional.

Los padres son más culpables que los jóvenes, pues en su desinformación o ante la presión porque no pierda un año tras haber quedado fuera de la universidad pública, terminan con lo que es peor, complaciendo los deseos de sus hijos por estudiar algo que les parece ser prometedor e importante.

Hijos de políticos, incluyendo diputados, magistrados y militares ingresan a esta carrera, y no solo la han escogido ellos, sino sus mismos padres, pues tienen planes a futuro y saben que “una llamadita” arreglará su problema laboral. Pero, ¿cuántos son estos? Generalmente están en las universidades más caras.

Cuando las materias básicas se comienzan a enseñar, muchos descubren que la exigencia de lectura en esta carrera es enorme; y es ahí cuando todo el antecedente de formación primaria y secundaria, y la exigencia o no de sus padres a lo largo de su formación estudiantil, comienzan a causar serios problemas entre el alumno y el docente, o entre el alumno/cliente y la universidad, que al final puede convertirse en problemas entre la universidad y el docente.

Así, por diversos motivos como la problemática económica del país y el desempleo de sus padres, repentinos embarazos o falta de motivación por la escasez de bibliografía especializada en empobrecidas y desfasadas bibliotecas; docentes sin experiencia en la enseñanza o la práctica de la carrera en sus diversas posibilidades; se van creando las causales de deserción.

Muchos renuncian y consiguen un empleo. Los Call Centers son el refugio pues se ingresa con solo un poco de mal inglés aprendido en el país y sin mayores gastos como los de la universidad. Otros toman otras carreras de mayor oportunidad laboral y hasta logran convalidar varias materias para no perder más tiempo.

Los que continúan y están por terminar ven cómo muchos de sus compañeros, sin preocupación alguna, ya casi están ubicados. Sus padres les han conseguido pasantías en diversas instituciones o empresas, y hasta comentan con bastante apropiación dónde trabajarán; y a nadie le ha importado si han estudiado bien o no. Lo importante es “el conecte”. El sueño termina cuando ya graduados empiezan a buscar empleo y se dan cuenta que las pocas posibilidades ya han sido tomadas no necesariamente por los mejores alumnos, sino por sus padres con la ayuda de sus amigos.

Apenas hemos identificado algunos problemas donde usted, joven aspirante, es el centro del tema. No le eche la culpa a nadie después. No diga que el Estado es culpable por no generar más empleos. De hecho, usted no le importa al Estado, tampoco a la universidad que lo graduó. Pero no caiga en la fatalidad fácilmente. Si Usted conoce de qué está hecho y cuál es su meta verdadera en la vida, no desista, arrebátele el futuro a aquellos que se lo tratarán de arrebatar.

 

* Msc. Académico. Relacionista Internacional.