Augusto Zamora R.*
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Informa la Nasa que 2013 fue uno de los años más calientes desde 1880, cuando empezaron a medirse las temperaturas del planeta de manera científica.

Los diez años más calientes se dieron a partir de 2000, confirmándose, así, el acelerado cambio climático que sufre la Tierra, a causa de destructivas actividades humanas.

Puede parecer, a pie de suelo, que un aumento de dos grados en la media global carece de importancia. Ingentes datos científicos prueban lo contrario. El solo aumento de un grado generará grandes desastres, como terribles sequías e inundaciones bíblicas, especialmente en zonas frágiles, como Centroamérica. La agricultura agonizaría, la ganadería sería insostenible.

Una mínima política de autoprotección llevaría a promover y financiar campañas dirigidas a resguardar bosques y acuíferos y a poner en marcha vastos proyectos de reforestación pues, de siempre, los bosques han sido escudo de defensa ante fenómenos naturales como los huracanes.

También campañas educativas (y sancionadoras) para generar conciencia en la población sobre la catástrofe en marcha que, aún, puede mitigarse. Uno de los ejes de esas campañas sería que cada uno de los habitantes del país pusiera su grano de arena al proceso de autoprotección.

Todos podemos sembrar árboles, reducir el consumo de agua, cuidar con mimo los acuíferos.

El huracán Mitch barrió buena parte de la región. Algunos entendieron el mensaje y dejaron vivir sus bosques. Otros siguen destruyéndolos. El reto no es responsabilidad única de las autoridades. Es de todos, para salvarnos todos.

 

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