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No hay dudas de que la educación es y debe ser motor del desarrollo. Sin embargo, al decir de Rubén, este estilo aún no encuentra una forma, una concreta, y material en que nuestra sociedad perciba resultados que mejoren su calidad de vida. ¿Por dónde empezar una discusión de este calibre? Veamos algunas consideraciones.

La visión del desarrollo humano coincide con el concepto de desarrollo que en general asumen los enfoques educativos integrales; ambos apuntan a resultados sociales, económicos, tecnológicos, culturales, ambientales, políticos, teniendo como centro al ser humano. Amartya Sen, principal fundador del concepto de desarrollo humano, afirma que este se logra apoyándose en inversiones de calidad dirigidas a mejorar la calidad de vida. O sea, inversiones de largo plazo con beneficios sociales; lo cual es también invertir en la calidad educativa para formar el capital humano y social.

Para producir impactos reales en la calidad de vida, es preciso coordinar planes de crecimiento, productividad, tecnología e innovación en sectores y ramas con potencialidades, y concertar una estrategia que combine este crecimiento con equidad, participación y sostenibilidad. Esta es una tarea aún pendiente de concertar entre el sector privado, empresarial y productivo con el gobierno y otros actores. Sea agroindustria, cambio de matriz energética, telecomunicaciones, turismo o megaproyectos como el Gran Canal, la educación es factor clave de equidad y participación, dado el acceso que pueden tener las mayorías, y sostenibilidad por su aporte con capital humano de calidad.

Para ello, hay que armonizar los escenarios y plazos económicos y sociales del desarrollo, con los escenarios y plazos de los resultados educativos con perfiles básicos, técnicos y profesionales de alta calidad, formados en y para procesos económico-sociales y laborales dinámicos, con valores y actitudes humanas de una sociedad democrática, que fortalece la justicia, la paz y la solidaridad, puesto que no se trata de una mera inversión utilitaria, sino del ser humano como centro.

Muchos afirman que para tener un edificio educativo sólido, los mayores esfuerzos deben dedicarse a la educación inicial y primaria, por ser la base. A largo plazo esto es cierto; no obstante, creo necesario dedicar parte de los recursos en crecimiento a la educación secundaria, técnica y superior, ya que en el corto y mediano plazo pueden generar recursos calificados emprendedores, generadores de autoempleos, y empleados productivos. Esta estrategia sería palanca de nuevos recursos para la educación básica, sin dejar de atenderla como prioridad inmediata.

Refuerza esta idea el bono demográfico, pues indica que en Nicaragua está creciendo sostenidamente entre 1990 y 2040 la población potencialmente productiva de 15 a 59 años. A este grupo pertenecen los adolescentes y jóvenes que estudian o son candidatos de secundaria, educación técnica y universitaria. Invertir en estos niveles educativos con calidad será altamente eficaz para el desarrollo humano.

La educación secundaria debe reformarse, ofreciendo mejores opciones vinculadas con el trabajo: bachilleratos técnicos, sistemas de aprendizaje tutorial, modalidades de estudio-trabajo, con apoyo de educación a distancia y en línea, entre otros. También fortalecer la orientación y formación vocacional, y las actividades científico-tecnológicas con proyectos y jornadas de ciencia y producción. Esto con un fuerte componente de consejería escolar que es vital para la adolescencia y juventud.

Revisar, adecuar y prestigiar socialmente la oferta de carreras técnicas y profesionales, disminuyendo aquellas que tienen menores demandas, y aumentando las que sean mayormente demandadas a futuro. Esto supone mayor inversión en el Inatec; pero también ampliar y diversificar la oferta de carreras técnicas superiores en las universidades, oferta que está cubierta por el 6 por ciento presupuestario, y puede modificarse al disminuir carreras de pregrado que van saturando el mercado laboral.

También es preciso desarrollar un plan de reconversión ocupacional, dirigido precisamente al contingente de técnicos y profesionales que van quedando desempleados por tener un perfil no acorde con las demandas y tendencias del mercado laboral. Este plan debería ser objeto de cursos intensivos acreditables a las carreras por actualización o especialización.

La coordinación ha de ser entre el sector académico (Mined, Inatec, CNU y Universidades e Institutos Técnicos Privados), el sector empresarial grande (Cosep), mediano y pequeño (Institutos y Cámaras de las Pymes), y con la facilitación política y técnica del Gobierno Central. Sin embargo, no debe perderse de vista que el concepto de alianzas educativas incluye a todos los actores sociales, puesto que en una sociedad educativa, todos nos educamos entre todos: comunidad, ONG, gremios, fundaciones. ¡Enhorabuena!

 

* Educador.

cefas@cablenet.com.ni